¿Puede el Sur Global pensar el destino energético de la humanidad?
Durante siglos, la geopolítica del conocimiento ha operado bajo una estricta división del trabajo intelectual. La narrativa dominante ha acostumbrado al mundo a asumir que el Norte Global formula las teorías, proyecta el futuro y diseña los paradigmas, mientras que el Sur Global aporta los recursos naturales, los casos de estudio, la mano de obra o la materia prima. Bajo esa lógica, el Norte piensa y el Sur aplica; el Norte teoriza y el Sur espera pacientemente a que se le explique cuál habrá de ser su destino. Sin embargo, una idea no alcanza la universalidad por el mero hecho de haber sido concebida en Nueva York, Londres, París o Berlín, ni la pierde por haber germinado en Caracas, Maracaibo, Nairobi o Delhi. La verdadera dimensión universal de una construcción teórica no depende de las coordenadas geográficas de su autor, sino de la profundidad, la escala y la trascendencia de las preguntas que es capaz de sostener.
Es en esta grieta epistemológica donde se inserta la Teoría de la Geometría Cósmica de la Energía. Aunque la propuesta nace del Sur Global, sus premisas sobrepasan por completo la escala local. La concentración de la energía, la vulnerabilidad inherente a los combustibles fósiles, la centralización de las redes eléctricas y la manera en que la infraestructura energética moldea el poder político no son anomalías exclusivas de una nación ni de una región periférica. Son, por el contrario, los dilemas estructurales de la civilización contemporánea.
La lección del subsuelo y la paradoja del origen
Existe una potencia filosófica en la biografía misma de la teoría: quizás era necesario haber habitado el corazón de una civilización petrolera para comprender con nitidez sus límites históricos. La trayectoria de examinar tanto el subsuelo como el cielo, la extracción concentrada como la captación distribuida, no constituye un simple detalle biográfico; representa la arquitectura misma de su mirada intelectual. Quien ha observado la dinámica de la energía desde el epicentro del extractivismo posee una perspectiva privilegiada para analizar el agotamiento de un modelo y la urgencia de su transición.
El Sur Global ha sido históricamente el espacio donde confluyen la abundancia de recursos, la dependencia tecnológica, la desigualdad energética y la imposición de redes centralizadas. Lejos de ser meros territorios rezagados a la espera de replicar el modelo del Norte, las sociedades del Sur se perfilan como los laboratorios históricos más pertinentes para imaginar una civilización energética distinta. Un país emblemáticamente petrolero como Venezuela no sólo puede aportar barriles al mercado global; puede convertirse en el lugar desde donde se formule una reflexión crítica sobre el fin de la era del petróleo.
Transición de........
