¿Para quién es la transición energética?
Toda civilización ha sido moldeada por su fuente de energía. El carbón, el petróleo y el gas impulsaron el desarrollo en el siglo XX, pero también concentraron el poder, profundizaron las desigualdades y nos dejaron una crisis climática innegable.
Hoy, nos encontramos en el umbral de una nueva condición: la energía puede ser abundante, limpia y distribuida. El sol no es escaso; es un flujo constante que llega a todos, sin exclusiones.
Pero esa abundancia no llegará por inercia, sino por convicción. No basta con hablar de megavatios o contar paneles instalados. Es imperativo hablar de derechos y medir el impacto en vidas iluminadas. No estamos simplemente ante un cambio tecnológico, sino ante una transformación profunda en la forma de habitar el mundo y construir el futuro.
Para que esta transición sea verdaderamente democrática y orientada hacia el porvenir, debemos replantearnos interrogantes fundamentales que van más allá de lo técnico:
........
