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Tesis marxista: capitulación del chavismo y posibles guerrillas

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13.01.2026

Introducción

Después de la muerte de Hugo Chávez, el gobierno venezolano siguió con un discurso antiimperialista. Hoy asistimos a un quiebre cualitativo: ya no se trata de contradicciones, zigzags o concesiones parciales, sino de una capitulación estructural ante Estados Unidos.

Esta capitulación no puede explicarse como una suma de "errores tácticos", malas decisiones coyunturales, presiones externas irresistibles y sobre todo la renuncia a abolir el capitalismo apoyándose en la clase trabajadora. Lo que está en marcha es una orientación consciente de la cúpula gobernante, cuyo objetivo central no es la defensa de la soberanía ni mucho menos la emancipación social, sino la preservación del aparato estatal existente y de los privilegios materiales de la burocracia civil-militar que lo controla. En ese marco, la nación, sus recursos y su población pasan a ser moneda de cambio en una negociación desigual con el imperialismo.

Lejos de estabilizar la situación del país, esta estrategia agrava todas las contradicciones. La entrega económica, política y geopolítica no descomprime la presión externa: la reorganiza en términos más favorables al capital estadounidense. Al mismo tiempo, destruye el relato legitimador interno y disciplina a amplios sectores populares en nombre de una supuesta "resistencia". Cuando el antiimperialismo se vacía de contenido material, lo que queda es un Estado desnudo, defendiendo intereses cada vez más ajenos a las masas.

Este texto no parte de la nostalgia, ni de la defensa acrítica del chavismo, ni de ninguna idealización del pasado. Tampoco busca justificar salidas desesperadas o aventuras sin horizonte. Su objetivo es advertir: mostrar que la capitulación abierta no cierra la crisis venezolana, sino que abre escenarios más peligrosos, marcados por la fractura interna, la descomposición política y el posible surgimiento de respuestas deformadas y reaccionarias ante una traición histórica. Entender esta dinámica es una tarea imprescindible para cualquier análisis marxista serio del momento actual.

La capitulación como proceso, no como hecho puntual

La capitulación del gobierno venezolano ante Estados Unidos no puede entenderse como un acontecimiento aislado, un "punto de inflexión" repentino o una decisión excepcional tomada bajo circunstancias extremas. Es, por el contrario, un proceso acumulativo, construido paso a paso a través de concesiones sucesivas que, vistas de manera fragmentada, podían presentarse como tácticas defensivas, pero que en su conjunto configuran una reorientación estratégica completa.

En primer lugar, el petróleo —eje material de la soberanía venezolana— ha sido progresivamente colocado en el centro de negociaciones opacas, licencias especiales, acuerdos asimétricos y esquemas de asociación que subordinan la producción y comercialización a los intereses del capital extranjero, ahora particularmente el estadounidense. No se trata solo de vender crudo, sino de ceder control, aceptar tutelas y normalizar la idea de que la supervivencia del Estado depende de la benevolencia del imperialismo.

En paralelo, la política exterior ha sido vaciada de cualquier contenido mínimamente independiente. El alineamiento "pragmático" se traduce en silencios cómplices, retrocesos diplomáticos y en el distanciamiento progresivo —abierto o encubierto— de alianzas que antes se presentaban como estratégicas. La supuesta defensa de un mundo "multipolar" queda reducida a consigna hueca cuando, en la práctica, se acepta la reincorporación subordinada al orden imperialista.

Las alianzas estratégicas también han sido redefinidas bajo esta lógica. Ya no se trata de acuerdos entre Estados soberanos, sino de reacomodos forzados para tranquilizar a Washington, expulsar competidores geopolíticos y demostrar "fiabilidad" ante el capital internacional. Cada gesto en esa dirección refuerza la dependencia y debilita la capacidad de maniobra futura, cerrando aún más el margen para cualquier política independiente.

Finalmente, la soberanía económica —ya severamente erosionada— es sacrificada en nombre de la "estabilidad". Reformas regresivas, flexibilización laboral de facto, privatizaciones encubiertas y garantías extraordinarias al capital se justifican como males necesarios. Pero lo que se consolida es un Estado que ya no actúa como defensor de la nación, sino como administrador de su derrota, encargado de gestionar la adaptación del país a una posición claramente subordinada.

Cada una de estas concesiones debilita el relato nacional-popular. Ese relato no se derrumba de un día para otro: se desgasta, se vacía, pierde credibilidad. Cuando el discurso ya no coincide con la práctica material, la legitimidad se erosiona y el control político debe sostenerse por otros medios.

Por eso es fundamental subrayar con claridad que la capitulación ante Trump no evita la crisis sino que la desplaza hacia dentro.

Lo que antes se expresaba como confrontación externa ahora se transforma en tensión interna, fractura política, desmoralización y radicalización sin horizonte. Al renunciar a cualquier salida soberana y de clase, el gobierno no estabiliza el país: siembra las condiciones de una crisis más profunda, menos controlable y potencialmente más violenta.

Burocracia adaptada vs sectores desplazados

La profundización de la capitulación no produce una reacción homogénea dentro del chavismo. Por el contrario, acelera una fractura interna que ya existía de forma latente, pero que ahora adquiere un carácter más agudo y peligroso. Esta fractura no se expresa —al menos por ahora— como una ruptura abierta, sino como una división política y material entre dos bloques con intereses y expectativas cada vez más incompatibles.

Por un lado, se encuentra la cúpula civil-militar, plenamente integrada al nuevo orden que se está configurando. Este sector ha logrado adaptarse a la reorientación proimperialista porque sus intereses no dependen de la soberanía nacional ni del apoyo popular, sino del control del Estado, de los recursos estratégicos y de su capacidad de negociación directa con el capital extranjero. Para esta fracción, la capitulación no es una tragedia histórica, sino una estrategia de supervivencia y reproducción. Su antiimperialismo ha devenido puramente instrumental: retórico hacia abajo, negociador hacia arriba.

En el extremo opuesto se........

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