menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Los bolcheviques frente a la intervención imperialista: claves para Venezuela

44 0
16.05.2026

Introducción

 

El 3 de enero de 2026 marcó un punto de inflexión en la historia contemporánea de Venezuela. Estados Unidos lanzó una agresión militar directa con bombardeos contra Venezuela. Negar el carácter imperialista de esta acción sería absurdo, y de hecho reaccionario. Fue una demostración brutal de fuerza militar destinada a imponer, mediante el terror y la superioridad tecnológica, la subordinación de Venezuela a los intereses de Washington.

 

El imperialismo existe. Asfixia económicamente, golpea, invade y bombardea. Pero la historia nos enseña que la resistencia no implica sumisión interna. Si los bolcheviques, con 14 ejércitos invadiendo y con una clase obrera numéricamente menor que en Venezuela, fomentaban el debate en los soviets, ¿por qué aquí se usa la agresión para silenciar al trabajador?.

 

La Rusia soviética enfrentó condiciones históricas extraordinariamente más difíciles que las de la Venezuela actual. Después de la Revolución de Octubre, el joven Estado obrero tuvo que sobrevivir a una guerra civil devastadora, a la intervención militar de catorce potencias extranjeras, al sabotaje económico interno, al bloqueo internacional y al colapso productivo heredado de la Primera Guerra Mundial. Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Japón y otras potencias apoyaron política, financiera y militarmente a las fuerzas contrarrevolucionarias con el objetivo de aplastar la revolución obrera.

 

La joven República Soviética no tenía simplemente “una pistola en la cabeza”. Tenía al imperialismo mundial intentando estrangularla militarmente desde todos los flancos.

 

Y aun así, los bolcheviques resistieron y ganaron.

 

No porque tuvieran mejores condiciones económicas. No porque contaran con estabilidad institucional. No porque fueran militarmente superiores al imperialismo.

 

Resistieron porque respondieron a la agresión imperialista profundizando la movilización revolucionaria de obreros y campesinos con la aplicación de genuino programa socialista.

 

Entregaron tierras a los campesinos pobres. Impulsaron el control obrero sobre la producción. Organizaron un ejército basado en la defensa de conquistas sociales reales. Combatieron los privilegios del aparato estatal. Apelaron y se apoyaron constantemente a la iniciativa revolucionaria de las masas.

 

Es decir, enfrentaron la guerra imperialista mediante una política de clase.

 

Ahí está la diferencia decisiva con la Venezuela del 3 de enero.

 

Los termidorianos utilizan la agresión imperialista como argumento para justificar exactamente lo contrario de lo que hicieron los bolcheviques.

 

En nombre de la “resistencia” se fortalecieron sectores empresariales privados, se desmontaron conquistas laborales, se criminalizaron luchas obreras, se profundizó la desigualdad social, se consolidaron privilegios burocráticos obscenos, y se sustituyó la movilización popular por el control vertical desde arriba.

 

El imperialismo agredió militarmente a Venezuela cuando las fuerzas sociales capaces de resistir seriamente esa agresión ya habían sido profundamente debilitadas por la política termidoriana.

 

Porque ninguna nación puede enfrentar eficazmente al imperialismo si las masas trabajadoras sienten que se les exige sacrificios mientras una nueva élite acumula privilegios y riquezas.

 

La experiencia bolchevique demuestra una lección fundamental. La agresión imperialista no convierte automáticamente a cualquier gobierno en revolucionario.

 

La verdadera cuestión no es solo la presión imperialista —que la hay—, sino qué política de clase se aplica para enfrentarla.

 

Y la historia demuestra que el imperialismo no se combate conciliando con la burguesía ni administrando el capitalismo bajo un discurso patriótico. Se combate movilizando revolucionariamente a los trabajadores y a los sectores populares sobre la base de medidas concretas contra las clases dominantes.

 

PARTE 1 ¿A QUÉ SE ENFRENTARON LOS BOLCHEVIQUES? (1918 - 1921)

 

Cuando la burocracia venezolana intenta justificar sus retrocesos afirmando que tienen una pistola en la cabeza, conviene recordar las condiciones reales en las que sobrevivió la Revolución Rusa.

 

La comparación histórica no tiene como objetivo copiar mecánicamente experiencias distintas, sino responder una pregunta fundamental.

 

¿Qué ocurre cuando un poder revolucionario es atacado por el imperialismo?

 

Porque los bolcheviques no enfrentaron sanciones parciales, amenazas diplomáticas o simples maniobras de presión económica. Entre 1918 y 1921 enfrentaron uno de los mayores intentos de aplastamiento contrarrevolucionario de toda la historia moderna.

 

La joven República Soviética nació prácticamente sitiada.

 

La intervención de catorce potencias extranjeras. Tras la Revolución de Octubre de 1917, las grandes potencias imperialistas comprendieron inmediatamente el peligro histórico que representaba el triunfo bolchevique. No se trataba simplemente de un cambio de gobierno en Rusia. Por primera vez en la historia, la clase obrera había tomado el poder, expropiado a terratenientes y capitalistas y comenzado a construir un Estado basado formalmente en soviets (consejos) obreros y campesinos.

 

El temor de las burguesías europeas era enorme. La Primera Guerra Mundial había dejado millones de muertos, hambre, desempleo y una radicalización gigantesca de la clase trabajadora internacional. En Alemania, Hungría, Italia y otros países crecían huelgas, motines y tendencias revolucionarias. La Revolución Rusa amenazaba con convertirse en el inicio de una oleada revolucionaria mundial.

 

Por eso las potencias imperialistas decidieron intervenir militarmente para destruirla.

 

Entre 1918 y 1921, tropas británicas, francesas, estadounidenses, japonesas, canadienses, italianas, griegas, polacas, checoslovacas y de otros países participaron directa o indirectamente en operaciones militares contra el poder soviético.

 

El país fue atacado desde múltiples frentes. Tropas británicas desembarcaron en el norte, fuerzas japonesas avanzaron sobre Siberia contingentes estadounidenses participaron en operaciones militares y Polonia lanzó ofensivas hacia territorio soviético. Armamento, dinero y logística fueron entregados masivamente a los ejércitos contrarrevolucionarios.

 

La joven República Soviética estaba prácticamente rodeada. No se trataba de “presiones” abstractas. Era una guerra real impulsada por el imperialismo internacional para destruir físicamente la revolución obrera.

 

La guerra civil y los Ejércitos Blancos

 

La intervención extranjera se combinó con una guerra civil interna.

 

Los antiguos terratenientes, generales zaristas, monárquicos, liberales reaccionarios y sectores de la vieja élite organizaron los llamados “Ejércitos Blancos”, cuyo objetivo era restaurar el viejo orden social basado en la propiedad terrateniente y el poder de las clases dominantes.

 

Estos ejércitos no actuaban solos. Dependían profundamente del apoyo imperialista con armas, financiamiento, asesoramiento militar, inteligencia, transporte, apoyo naval y suministros estratégicos.

 

En muchos casos, las potencias extranjeras coordinaban directamente operaciones militares con las fuerzas blancas.

 

Los blancos comprendían que no bastaba con derrotar militarmente a los bolcheviques. Había que aterrorizar a las masas para impedir nuevos levantamientos revolucionarios.

 

La revolución enfrentaba literalmente una lucha por su supervivencia física.

 

Bloqueo, aislamiento y sabotaje económico

 

A la destrucción militar se sumó el aislamiento económico. Las potencias imperialistas impulsaron bloqueos comerciales y financieros para impedir que la Rusia soviética accediera a maquinaria, materias primas, tecnología y créditos internacionales.

 

La economía ya estaba devastada por la Primera Guerra Mundial. Pero ahora el nuevo Estado obrero debía sobrevivir prácticamente aislado del mercado mundial capitalista.

 

Además, amplios sectores de técnicos, funcionarios, empresarios y especialistas ligados al antiguo régimen sabotearon deliberadamente la producción y la administración estatal.

 

Muchos destruían registros, ocultaban recursos, paralizaban transportes, abandonaban fábricas, bloqueaban decisiones administrativas, colaboraban secretamente con la contrarrevolución.

 

El nuevo poder soviético heredó un aparato estatal hostil y profundamente penetrado por elementos enemigos.

 

Los bolcheviques tuvieron que construir prácticamente desde cero mecanismos de administración, distribución y organización económica mientras combatían simultáneamente una guerra civil. Lo hicieron apoyándose en la iniciativa de las masas.

 

El problema del aparato estatal

 

........

© Aporrea