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Crónica de un colapso: Lo que acecha a las pensiones

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La arquitectura de los Estados modernos se sostiene sobre un pilar invisible que hoy presenta grietas estructurales: la pirámide poblacional. Lo que durante décadas fue una base amplia de jóvenes sosteniendo a una pequeña cúspide de adultos mayores, se está transformando en un rombo o, peor aún, en un bulbo que amenaza con desplomar el sistema de seguridad social global. Surge entonces una interrogante crítica: ¿Qué ocurrirá en Venezuela una vez solucionado el tema del salario y reaparezcan las cotizaciones al Seguro Social, si persiste la tendencia que invierte la pirámide poblacional?

LA GEOMETRÍA DEL DESASTRE: De la abundancia de 1944 a una pirámide "mutilada"

Históricamente, los sistemas de seguridad social fueron diseñados bajo una estructura "piramidal": una base ancha de trabajadores sostenía los pagos de las pensiones de un número mucho menor de adultos mayores. En 1944, cuando se fundó el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), Venezuela era el ejemplo perfecto de este diseño, aunque excluyente; sin embargo, la realidad ha cambiado drásticamente: la población venezolana está envejeciendo.

En 1944, la tasa de fecundidad era de 6,5 hijos por mujer; para 2023, esta cifra cayó a 2. Además, pasamos de una expectativa de vida de 44 años a 73 años (según datos de la Organización Panamericana de la Salud). Esta realidad implica que cada vez existen menos trabajadores para sostener a más pensionados. Pero eso no es todo: la migración ha "mutilado" aún más la pirámide poblacional del país. Según datos de ACNUR, la diáspora venezolana supera los 7,7 millones de personas. Lo crítico para la Seguridad Social es el desglose por edad: el 95% de los migrantes tiene menos de 60 años.

Hoy, la realidad ha invertido el gráfico. En Venezuela, el fenómeno es extremo: en 2014 contábamos con 3,25 trabajadores cotizando al Seguro Social por cada pensionado; hoy, esa relación ha caído a 1 trabajador por cada pensionado. Mientras esta tendencia se mantenga, y si no se realizan cambios estructurales, el sistema será insostenible, condenando a los adultos mayores a lo que era la vejez antes de los sistemas de protección: la pobreza.

Los sistemas de pensiones nacieron cuando la demografía era distinta. El modelo original no fue pensado para la longevidad masiva, ni para la caída estructural y sostenida de la natalidad; es como diseñar una mesa para soportar 20 kilos y pretender que hoy sostenga 60.

El QUIEBRE DEL PACTO DE FE: Cuando la demografía devora la certidumbre

Como bien se analiza en los desafíos de la AISS (Asociación Internacional de la Seguridad Social), nos enfrentamos a una crisis de confianza.

"La seguridad social es el pacto de fe entre generaciones: el joven que hoy aporta lo hace con la certeza de que el sistema que él mismo está aceitando con su esfuerzo será el que lo proteja mañana".

Sin embargo, los datos sugieren que ese pacto se está rompiendo. Cuando la tasa de dependencia cae a niveles críticos, el sistema de reparto deja de ser protección para convertirse en una transferencia de pobreza. Si comenzamos a ver la tempestad que se avecina y nadie construye un refugio, corremos el riesgo de condenar a una generación entera a un futuro de precariedad.

Debemos debatir y rediseñar ahora; de lo contrario, ¿de dónde provendrán las fuentes de financiamiento? ¿De una subida asfixiante de impuestos o de más deuda pública?

HOJA DE RUTA HACIA EL 2050: IA, fondos soberanos y el fin del parche estatal

Si el modelo de 1944 ha muerto, ¿qué sigue? El análisis de modelos exitosos (nórdicos y británicos) y propios, apuntan a soluciones innovadoras:

1. Todo trabajo cotiza: Con una Población Económicamente Activa (PEA) de más de 10,4 millones, de la cual la mitad se encuentra en la informalidad, su ingreso al sistema de cotización indistintamente de su estatus formal debe ser una tarea de organización, censo y concientización. Esto ampliaría la base de aportes.

2. Sincerar Registros.

3. Incremento del porcentaje de cotización: Es necesario considerar el ajuste de los porcentajes de aporte mediante acuerdos nacionales. Países de otras latitudes ya han incrementado estas tasas, orientándolas a menudo hacia fondos privados debido a la pérdida de confianza en la gestión pública.

4. Fondos Soberanos de Pensiones: Estos fondos deben captar parte de la riqueza del crudo, sus derivados y minerales para financiar las pensiones. Su funcionamiento debe trascender de fondos inertes a dinámicos como los de Noruega o Australia para incrementar su valor en el tiempo. La riqueza de Venezuela también pertenece a sus adultos mayores.

5. Tecnología y Productividad: Ante la falta de manos jóvenes, la automatización debe generar la riqueza que antes generaban los contribuyentes. La IA debe ser vista como el "nuevo cotizante" que financie la salud de los mayores; esto no es un chiste, sino una realidad que ya se aborda en distintos foros mundiales.

6. Rediseño Integral: El sistema fue diseñado para una realidad que hoy ya no existe. Un rediseño profundo con el abordaje de todas las fuerzas vivas y sociales es ineludible.

El FIN DE LA INERCIA: Por qué el futuro de tu pensión se decide hoy

El futuro de la seguridad social no se decidirá en los discursos políticos, sino en los gráficos de natalidad y en la capacidad de ahorro. Si no reconstruimos el sistema hoy, el "pacto de fe6 entre generaciones" terminará siendo una promesa vacía. La solución es posible: países como Noruega, Inglaterra o los Países Bajos ya han modificado sus sistemas ante la caída de la natalidad. Venezuela debe atender esta realidad que ya nos alcanzó; las decisiones no serán fáciles y tal vez tampoco sean populares, pero retrasarlas solo hará que los ajustes futuros sean mucho más bruscos.

A los trabajadores Venezolanos: La "fe" en el pacto generacional no se mantiene sola; requiere que exijas hoy un rediseño que garantice que, cuando te toque estar en la cúspide de la pirámide, todavía quede un sistema que te sostenga. El momento de debatir el nuevo modelo es ahora, antes de que el gráfico se vuelva irreversible.


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