¿Una política imposible?
La intervención norteamericana del 3 de enero de 2026 es un hito que inaugura un período específico de nuestra historia contemporánea, del país y, tal vez, del mundo. Más allá del descabezamiento de un régimen de facto mediante una acción reñida con el Derecho Internacional, cuestión nada novedosa si tomamos en cuenta el historial de intervenciones norteamericanas en el continente y la imposición de gobiernos subordinados, ha alterado irreversiblemente la racionalidad política del país. Además de la soberanía nacional, se ha afectado la autonomía de acción de TODOS los actores políticos, que se han visto forzados a desplegar sus estrategias, tácticas y cálculos en los estrechos límites de un plan decidido en Washington, compitiendo informalmente por la consideración de los grandes decisores del Norte.
Por eso hemos insistido, ante los análisis comparativos que insisten en identificar parecidos (y no tanto las diferencias) del proceso venezolano con las transiciones a la democracia constitucional de España, Chile, Portugal, incluso Polona y Suráfrica, que hay que analizar más bien las otras experiencias latinoamericanas de intervención estadounidense que, en la primera mitad del siglo XX, impusieron "protectorados" mediante dominio de las aduanas, expropiación de tierras, controles sobre la administración pública y gobiernos títeres (República Dominicana, Haití, ), reconstruyeron fuerzas armadas (Nicaragua), impusieron gobiernos (Panamá), algunos de los cuales culminaron incluso en anexiones territoriales (Puerto Rico, Hawaii).
Por circunstancias históricas distintivas, Venezuela no había corrido, hasta ahora, la terrible suerte de esos países intervenidos militarmente en forma directa, y que sufrieron "protectorados". Hasta ahora, cuando nos encontramos con una dictadura (con un aparato represivo, leyes opresivas y dirigencia o alta burocracia intactas) tutelada (es decir, obedeciendo las órdenes de Washington directamente, incluso al costo de echar para atrás el propio discurso político del partido dominante). No hay duda de que, desde aquel golpe........
