Mi vida de protesta, 60 años de lucha
Tengo 88 años, lo cual significa que he andado por aquí durante más de una tercera parte de la vida de Estados Unidos. Y he aprendido algunas cosas en el camino acerca de mí misma y de este país. Entre ellas: somos actores en el mundo, nos guste o no. Cuando se presenta la oportunidad de hacer algo en beneficio de otros, hay que aprovecharla. Si sentimos el llamado, acudamos. Los saltos de fe son mi principal forma de ejercicio en estos días, y déjenme decirles que el premio es profundo, no sólo para las personas y los ecosistemas por los que luchamos, sino para nosotros mismos también.
Comencé a descubrir estas verdades a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970, cuando mi vida de protesta empezó a tomar forma. Comenzó por un recorrido por las cafeterías para soldados que se abrieron a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970 afuera de las bases militares del país. Eran lugares donde los militares (sólo hombres en ese entonces) podían reunirse, divertirse y aprender acerca de Vietnam y de la historia del movimiento.
Una mujer llamada Terry David dirigía la cafetería Oleo Strut, afuera del Fuerte Hood, en Killeen, Texas. Era amable, estaba presente todo el tiempo y no nos habló con deferencia ni me trató como celebridad. Mi tarea era entrar en la base para distribuir panfletos que anunciaban un mitin contra la guerra la semana siguiente. Me arriesgaba a ser arrestada. Para prepararme, Terry me dio consejos de cómo comportarme y me advirtió........
