Tareas pendientes para lograr un auténtico desarrollo forestal venezolano
Es imposible tratar cualquier tema sin primero manifestar mi dolor y mi solidaridad para con nuestra gran familia venezolana, debido a los terremotos del 24 de junio. Una tragedia nacional que embarga nuestros corazones, pero que debemos superar; junto al dolor y al luto, debemos reconstruir y avanzar. Sí, junto a la congoja, debemos construir y reconstruir. Los días han pasado y tenemos que seguir avanzando: debemos mejorar, crecer, desarrollarnos, brindar mayores seguridades y mejor calidad de vida para nuestra gente toda, y estos deseos solo son posibles produciendo más y mejor, activando nuestra fuerza productiva, aprendiendo de los errores y corrigiéndolos, siendo más acertados en nuestras decisiones y acciones.
Una de nuestras fuentes de riqueza, no aprovechada debidamente (ni remotamente), es nuestro enorme patrimonio forestal. Peor que eso; lo hemos venido malbaratando y destruyendo de manera alarmante, absurda e irresponsablemente, y muy peligrosamente para nuestro futuro cercano (para nuestro presente y siguientes generaciones).
El patrimonio forestal nuestro es inmenso, envidiable. Capaz de transformar nuestro perfil nacional; capaz de permitir el dejar de identificarnos como país petrolero, para ser reconocido como país forestal. Y no me refiero solo a su posibilidad de ser: i. Una de las principales fuentes de riqueza material (de los principales aportantes al PIB nacional); ii. Generador de muy importantes ingresos por exportaciones no petroleras, iii. Gran impulsor de otros sectores de la productividad nacional: construcción, alimentos, papel y cartón, farmacéutica, agrícola, industria del mueble, hasta del sector pesquero (construcción de embarcaciones); iv. De los principales generadores de empleo y, v. Uno de los principales desarrolladores de servicios, infraestructura y economía de extensas regiones del "interior" del país. Nuestro desarrollo forestal tiene otros beneficios, no tan "tangibles", pero indudablemente más valiosos aún, inconmensurables y auténticamente vitales: biodiversidad, clima, agua, fertilidad de suelos, alimentos, medicinas. Bienes y servicios ambientales que son indispensables para la vida, que son insustituibles, que dependen enteramente del estado de salud de los ecosistemas forestales, y que ninguna cantidad de oro, petróleo o dinero pueden reemplazar.
No será posible frenar la deforestación incontrolada, no será posible detener los procesos de desertificación, ni controlar la disminución de nuestra biodiversidad, ni parar la disminución de fuentes de agua, ni apaciguar los desbordamientos e inundaciones sí, entre otras acciones pero primordialmente, no logramos desarrollar nuestra potencia forestal, es decir, si no insertamos dentro de nuestra sociedad el valor utilitario que tienen los recursos forestales, si no los consideramos como parte fundamental de nuestro quehacer nacional, más allá de que buena parte de nuestra población entienda o perciba el valor ambiental de estos. ¡Úselo o piérdalo! parece ser el principio básico de conservación (de valoración) de nuestros recursos forestales (como bien lo dijo hace muchos años ya, el profesor Aníbal Luna Lugo, ya difunto; uno de nuestros grandes investigadores y docentes en materia de silvicultura venezolana, ex director del........
