Terminar con el hambre, la desesperación y las guerras: la cuadratura del círculo hoy
La famosa "cuadratura del círculo" se intentó resolver a lo largo de unos 2500 años, solo para comprobar que no tiene solución. Asumirlo requirió descubrir los números irracionales.
Hoy nos empecinamos en resolver un problema equivalente, aunque bastante más importante: terminar con el hambre, las guerras, el cambio climático, la insatisfacción social y varias otras "desgracias" que afectan al grueso de la humanidad. Y al igual que sucedió con aquella antigua cuadratura, seguimos buscando la solución donde nunca la encontraremos: en este caso, dentro del sistema irracional llamado capitalismo. Sólo que no disponemos de otros 25 siglos para asumir el error, tal vez ni siquiera 25 años.
En Nuestro Marx, un libro de Néstor Kohan, el autor nos recuerda: Tres años después de triunfar, en su libro El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo (1920), el "perverso", "monstruoso", "impiadoso" y "autoritario" Lenin, aborrecido por todos los poderosos y sus plumas a sueldo, seguía insistiendo pacientemente: "Si no se produce un cambio en las opiniones de la mayoría de la clase obrera, la revolución es imposible". La hegemonía sigue siendo la piedra de toque de su teoría crítica y su filosofía política revolucionaria.
Quien escribe estas líneas tiene, claro, una postura ideológica (entendida como "tomar partido", según la consideraba Lenin). De todos modos, la imposibilidad de la que hablamos no resulta de una opción ideológica sino de la simple aritmética, y puede encuadrarse en lo que el mencionado NK designa, en relación a otro aspecto de la realidad capitalista, como "la racionalidad de la parte dentro de la irracionalidad del todo".
Como es sabido, las crisis recurrentes dentro del capitalismo son un hecho histórico. Entre una y otra transcurre un período de relativa prosperidad y crecimiento económico. Pasando por alto otros aspectos de la vida no reductibles a la economía, y pasando también por alto el alcance dentro de la sociedad de tales prosperidad y bonanza, esos períodos son usados como prueba de las bondades del sistema. De su carácter superior a cualquier alternativa y, por lo tanto, de su naturaleza inamovible y eterna. Por su parte, la aparición de la crisis es presentada como una anomalía, un error evitable y circunstancial: o desequilibrios entre oferta y demanda; o baja rentabilidad de la inversión; o políticas monetarias y fiscales erradas o cualesquiera de una lista de explicaciones destinadas en encubrir la insalvable contradicción subyacente e inherente al sistema como tal.
¿Por qué es importante identificar la causa de las crisis? Porque al ser los momentos de eclosión de las consecuencias permanentes y acumuladas de aquella contradicción esencial, son entonces los momentos en que se agravan el desempleo, el hambre y la desesperación de millones. Cuando las disputas por los mercados, por el control de las materias primas y recursos en general abandonan los relativos buenos modales y se multiplican las agresiones de todo tipo, incluyendo las armadas y las guerras.
¿Cuál es esa contradicción congénita del sistema capitalista? Vista la producción desde la lógica de una empresa capitalista aislada, no hay contradicción alguna: el valor total de lo producido en un determinado lapso de tiempo superará siempre el valor total de los salarios pagados en ese mismo lapso, porque debe garantizarse la ganancia empresaria (fig. izq., central y der. respectivamente). Nada más lógico y racional: para eso la empresa ha invertido capital, y no tendría razón para invertirlo si no fuese por esa plusvalía que extrae del trabajo vivo. Ahora bien, ¿qué pasaría si el conjunto de los trabajadores de la empresa intentase comprar, con sus salarios del mes, el total de la producción de ese mismo mes? Está claro, por lo dicho antes, que no podrían. Que el precio total de la producción siempre será mayor que lo abonado en sueldos. ¿Qué haría la empresa con la parte restante? Pues, obviamente, venderlo al resto de la sociedad. Considerada la empresa aislada, no hay contradicción y el esquema luce racional.
Pero al considerar la totalidad, resulta que en todas y cada una de las demás empresas sucede lo mismo: en cada una de ellas el valor de la producción total supera el valor total de los salarios pagados por esa producción. En consecuencia, al considerar el sistema completo, la lógica que parecía válida para la empresa aislada deja de operar: no hay un "comprador externo" al cual venderle la parte de la producción sobrante. Ese plusvalor resulta imposible de "realizar" en el mercado, es decir, de convertirlo en dinero, razón de ser de la producción capitalista: el mercado, por extendido que esté, no hace magia. Visto en su totalidad, el sistema deja de ser racional. No es un problema derivado de "capitalistas malos", demasiado ambiciosos o faltos de sensibilidad, es un problema aritmético del sistema en sí, inseparable del mismo. Como resulta esperable, los beneficiarios del sistema recurren a mecanismos para intentar patear el problema hacia adelante (emisión monetaria, inversiones financieras, reinversiones........
