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Los retos de la reconstrucción de Colombia

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16.08.2026

Además de la solidaridad y el apoyo inmediato a las casi 60 mil familias atrapadas por el terremoto del 10 de agosto, incluido el rescate de muchas personas sumidas en los escombros, hay la necesidad de proyectar el proceso de la reconstrucción económica, vital, institucional, infraestructural (colegios, hospitales, vías, acueductos) en más de 480 municipios y 15 departamentos.

De manera inmediata hay que acometer la construcción de 18,077 viviendas totalmente destruidas, 89,108 averiadas y 151 edificios colapsados, concentrándose los mayores impactos en el Chocó, el Eje Cafetero y el norte del Valle del Cauca. En el mediano y largo plazo hay que organizar y realizar la reparación y habilitación de las redes viales municipales, secundarias y puentes colapsados por agrietamientos y derrumbes; reconstruir escuelas rurales y colegios públicos con daños estructurales graves o colapsos de cubiertas; adelantar intervención física y dotación de urgencia de los puestos de salud y hospitales locales afectados; ejecutar obras civiles urgentes para levantar los locales comerciales afectados

En esta etapa inicial hay que reconocer prioridades, liderazgo y capacidad de acción que es lo que no logra identificarse en la recién estrenada administración del ultraderechista Abelardo que corrió a refugiarse en el Estado sionista de Israel y en las limosnas del jefe imperialista de USA, muy debilitado por su fracaso en la guerra contra Irán y el quiebre de sus apoyos electorales hacia las elecciones de medio término, el próximo 11 de noviembre, donde se prevé las fuerzas de izquierda logren un gran avance.

Hoy, a 5 días del terremoto el país está en un momento de observación rigurosa para determinar si el Gobierno de Abelardo cumple lo prometido, tiene un equipo capaz, ejerce la autoridad dentro de la Constitución y genera confianza. Sabemos que los logros demandan tiempo; pero el camino y el carácter se revelan antes, tal como lo estamos presenciando con el folklorismo, la banalidad y superficialidad de Abelardo ahora devenido en el "gran descentralizador" de la maquinaria estatal oligárquica porque, aunque sería una desmesura demandar ya resultados definitivos, lo que sí es dable requerir es liderazgo, decisión, coordinación, sensibilidad, severidad en el manejo de los recursos y respeto por los límites constitucionales, aun en medio de la emergencia. En todo caso este terremoto cuestionó el capricho del recién posesionado Presidente, de ejercer su mandato desde el relajamiento que le permite Barranquilla. A las carreras debió tomar un vuelo privado (Gulfstrem) para legar al centro institucional en Bogotá, al que arribo con aires de chabacano como si el país estuviese de fiesta, a fin de instalar el Puesto de Mando Unificado desde el cual intentó dirigir las primeras medidas. Entre ellas, por supuesto, la declaratoria de Desastre Nacional, que de acuerdo a Ley 1523 de 2012, activa un régimen especial de excepción jurídica, presupuestal y administrativa, que facilite medidas ágiles para superar la crisis.

Si bien es cierto hay situaciones (como la de este terremoto) para las que un Gobierno necesita tiempo; hay principios para los que no necesita ni un segundo: la solidaridad, la diligencia, la probidad, la transparencia, la eficiencia, la eficacia y la integridad.

Las crisis revelan cómo entiende un presidente el poder: si lo utiliza para articular instituciones o concentrar decisiones; si asume que incluso la urgencia tiene límites constitucionales; si evade sus deberes o asume el peso del compromiso determinante. Desde el 7 de agosto en que Abelardo asumió la presidencia, responde por el funcionamiento del Estado. Es el peso del poder.

Ahora tenemos que la anunciada crisis fiscal, el proclamado ajuste del gasto van quedando en el pasado para tener que admitir que se requiere la reforma tributaria, por la via de la Emergencia económica y de la reasignación de recursos como los del Fondo de Adaptación, los del Sistema General de Participaciones, los de Regalias y los del Fonpet para atender la reconstrucción. El terremoto obligó a Abelardo casi inmediatamente a declarar la emergencia y movilizar recursos extraordinarios.

La tragedia exige instrumentos excepcionales, pero también austeridad inteligente: recortar burocracia, privilegios y gastos innecesarios para concentrar la capacidad del Estado en salvar vidas, atender a los damnificados y reconstruir las regiones afectadas. La austeridad bien entendida no paraliza al Estado: elimina la grasa para fortalecer el músculo donde más se necesita.

Posterior a la emergencia viene una tarea mucho más larga y compleja: convertir la solidaridad comunitaria y el compromiso social en resultados. La tarea deja de ser solamente cuánto dinero logramos recoger y pasa a ser qué tan eficiente, eficaz y transparente somos capaces de utilizarlo. Cuánto demora una familia en recuperar su vivienda, una escuela en volver a tener estudiantes, un hospital en operar plenamente o una empresa en dar apertura a sus puertas; son indicadores mucho más importantes que el valor de los recursos anunciados.

Así, la reconstrucción es, en buena medida, un enorme desafío de ejecución. Requiere establecer prioridades, coordinar al Gobierno nacional con autoridades locales, empresas, organizaciones sociales y organismos multilaterales, contratar con rapidez sin sacrificar transparencia y, sobre todo, definir responsables, plazos y resultados que puedan medirse. Eso supone también hacer visible el avance y los logros.

En un esfuerzo de esta magnitud, la confianza dependerá de que ciudadanos, empresas y donantes puedan saber qué recursos se recibieron, dónde se asignaron, qué proyectos están en marcha y cuáles presentan retrasos. La transparencia no debe entenderse únicamente como un mecanismo de control, sino como una herramienta de........

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