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Problemas del esfuerzo trumpista por cambiar el mundo

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05.02.2026

Cuestión crucial ahora es la preparación militar de Cuba y Venezuela por si Estados Unidos desata una guerra. El estado cubano ha reiterado que jamás claudicará, mientras el régimen de Trump intenta rendir a Cuba por hambre y penuria, en el entendido de que el estrangulamiento por el bloqueo naval de petróleo hará colapsar al estado cubano. Además de confirmar el calificativo de fascista y genocida que acertadamente dio el dirigente cubano Miguel Díaz-Canel al gobierno de Trump, el bloqueo naval yanqui delata una conducta errática. Después de las dramáticas amenazas que suele hacer Trump, a menudo las tensiones se disipan.

Dada la superioridad tecnológica de las fuerzas armadas imperialistas, que el 3 de enero desactivaron los sistemas electrónicos de comunicación y operación militar de Venezuela antes de invadir, los cubanos y los venezolanos deben ponderar combinar sus tecnologías digitales y electrónicas con recursos originales y tecnologías y comunicaciones fuera del campo digital, por así decir convencionales, populares o guerrilleras.

También contra Irán los yanquis han provocado una tensión altísima con su amenaza de guerra. Al momento de escribir, sin embargo, había negociaciones, por cierto facilitadas por Rusia. La ofensiva ‘histórica’ de Washington quisiera terminar los estados desafiantes y desterrar del hemisferio americano toda presencia de la corriente de multipolaridad y descolonización económica que BRICS representa, y especialmente de China y Rusia. Pretende hacerlo con golpes selectivos. Hasta ahora evita una guerra convencional y despliegue de tropas, y usa comandos y ‘operaciones especiales’ con tecnologías avanzadas. Proclama grandes objetivos, pero sólo aplica tácticas.

Contrarrevolución colonialista

Destruir el estado cubano sería, en la ideología trumpista, un premio mayor, por su simbolismo hemisférico y mundial. Derrocar al iraní sería un golpe al islam anticolonial, además de conllevar un rico botín petrolero y geopolítico. Son abundantes las dificultades, desde luego, para realizar estos deseos.

Tendencias comercial y políticamente soberanistas progresan en gobiernos de África, Asia, Medio Oriente y Europa. El reducto más seguro de Estados Unidos, si no el único, es Latinoamérica y el Caribe. Trump persigue revertir en tres años los progresos antimperialistas del mundo –como el ascenso del Sur global, que China emblematiza– pero la falta de estrategia efectiva produce desorden en la casta gobernante, que desciende al ridículo y la inconsistencia.

Es entendible que Washington procure acceso al petróleo venezolano para garantizar sus abastos y, porque si desata una guerra contra Irán para adueñarse de su petróleo, Teherán podrá cerrar el flujo petrolero y crear una escasez internacional. El aumento desorbitado del precio del crudo agravaría, entre otras cosas, la crisis económico-política en Estados Unidos y otros países occidentales. Los Republicanos podrían perder la Cámara el próximo noviembre.

¿Por qué entonces usurpar el petróleo de Irán, si ya tienes el petróleo de Venezuela? Es enorme la dificultad de derrocar al estado iraní, a no ser con una hipotética guerra hiper-destructiva, que se desbordaría al Oriente Medio, amenazaría la existencia del estado de Israel y podría hacerse mundial. ¿Por qué entonces no aceptar que no puede derrocarse? Explicación plausible es la desesperación por frenar a BRICS, del cual Irán es miembro importante.

La obstinación contra Cuba es espectáculo global de crueldad, un intento de lenta tortura a una antilla que trata de desarrollarse, ya empobrecida por siglos de colonialismo y esclavitud y por el bloqueo yanqui desde los 1960. Cuba como quiera recibe solidaridad. La saña de Washington obedece a lo que Cuba simboliza: voluntad soberanista, revolucionaria y antimperialista que se admira a escala global. Durante décadas Washington ha tratado en vano de destruir el estado cubano, que guarda estrecha unidad con el pueblo. Acaso podría si lanza una brutal e interminable guerra, la simple idea de la cual aumenta el repudio a Trump en Estados Unidos; una guerra que confirmaría la superioridad moral, y quizá también militar, de los cubanos. ¿Por qué entonces desplegar ese espectáculo de tan escaso rating en popularidad? Lo explica el carácter errático del trumpismo, su oscilación entre producir una estrategia de sobrevivencia del sistema imperialista, y lanzar tácticas espectaculares carentes de estrategia.

El comercio, fuerza del Sur global (y de BRICS), es a la vez su debilidad, por su falta de estructuras políticas y militares. China y Rusia, estados que poseen armamento nuclear, se refrenan de intervenir militarmente en el hemisferio americano por el peligro de una conflagración nuclear, dada la irresponsabilidad estadounidense. Ellos mismos están amenazados, respectivamente, en el Mar de China –con el pretexto de Taiwán– y por la Unión Europea y Ucrania.

Estados Unidos posee tecnologías militares para hacer casi cualquier cosa para destruir casi cualquier gobierno del mundo, especialmente en América Latina. Pero en Cuba y otros países los grupos sociales que podrían suplantar al estado nacional siempre fueron débiles, a menudo una farsa; apéndices del colonialismo. Después del proceso revolucionario desaparecieron. Washington puede, por supuesto, recurrir a la guerra para tratar de imponer un régimen, pero habrá que ver si su guerrerismo se haría estrategia –una política de largo plazo– a ser aplicada por los gobiernos sucesivos después de 2028. El imperialismo siempre necesitó de la guerra. Difícilmente puede conseguir sus objetivos sólo con golpes tácticos. Estar todo el........

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