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Con cuáles argumentos sostener relaciones y cooperación con EEUU

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14.03.2026

Cuáles han sido hasta ahora las acciones emprendidas por parte de EE.UU., para justificar sus intereses estratégicos y con cuales argumentos y acciones, porque lo que vimos y presenciamos fue que atacó, invadió, bombardeó, destruyó y asesinó, hechos que deben estar presentes en consideración a las relaciones unilaterales, cuya única razón de peso que lo asiste, es tener bombas atómicas que usaría sin que quepa ninguna duda, ya lo han hecho. Claro, estabilizar la región, combatir el narcotráfico, proteger los derechos humanos, exportar la democracia, puros supuestos, porque en el fondo lo que aplica es que necesitan nuestros recursos, y es lo que debemos evaluar críticamente, para determinar qué nos conviene, y si son genuinos los propósitos, o si pesan más los intereses geopolíticos, frente a sus pares China y Rusia, por lo que el manido argumento de la cooperación bilateral se cae por su propio peso. Las relaciones con Venezuela y haber reconocido al gobierno interino por la administración Trump, que por cierto pende cada vez más de un hilo que se deshilacha a lo interno y frente a lo internacional. Sería pertinente evaluar también, porque no basta con que Trump reconozca a su tutelada, sino que haya un reconocimiento de la comunidad internacional, con lo cual se justificaría un medio de apoyo para una transición democrática en Venezuela y la reconstrucción económica del país.

Por lo acontecido desde el 3E26 es de Perogrullo que no se ha reconocido la soberanía de Venezuela, no ha habido respeto real a la autonomía del país ni de sus instituciones, porque acciones como el secuestro de Maduro y Cilia, independientemente del fraude electoral, socavan tales principios, lo que genera dudas sobre la sinceridad del reconocimiento, que sería una interpretación final, puesto que la ética dicta la política, desde el derecho internacional, y las acciones llevadas a cabo violan todo el derecho del Estado nación venezolana al secuestrar al jefe de Estado y la diputada ante la Asamblea Nacional, aunque dichas funciones sean de facto. Es incompatible con el principio de no intervención, lo que puede considerarse ilegítimo. Tales eventos deben analizarse en el contexto de la lucha por la legitimidad política en Venezuela, donde diferentes actores nacionales e internacionales buscan influir en el futuro del país. Por lo tanto, el reconocimiento de la soberanía venezolana por los EE.UU. y sus acciones posteriores plantean una contradicción a la luz de la interpretación crítica, lo que pone en duda que sean legítimas las relaciones diplomáticas y la cooperación, pues dependen del respeto a los principios de la soberanía, la no intervención y la autodeterminación.

A la luz de los acontecimientos surge una verdad reveladora de los alcances que vienen logrando en Venezuela los gringos, nombrando presidenta (E) a Delcy Rodríguez a través de su hermano en la Asamblea Nacional, que se han prestado a esta pantomima, para asumir una tutela directa por parte de Trump, y el restablecimiento de relaciones diplomáticas, subrayando el reconocimiento formal del gobierno venezolano, y la interpretación que se le debe dar al acto, luego de la imposición tras un ataque militar, con ingreso de las unidades conjuntas por aire, mar y tierra, mancillando el respeto a la soberanía nacional, y de paso bombardean, destruyen y asesinan, con un saldo como aval para el país, con la captura y sustracción de la pareja presidencial, quienes trasladados a los EE.UU. se hallan encarcelados en una prisión de máxima seguridad en Nueva York. En tal contexto hay que tratar los argumentos para en fin sostener unas relaciones y cooperaciones bajo un arma cargada apuntando a la cabeza de los y las compatriotas en esta hora tan triste para la patria de Bolívar, donde sus hijos e hijas se acobardaron frente a la agresión del enemigo. Vergüenza debería darle a Padrino y Diosdado principalmente.

Un reconocimiento chucuto a cuál soberanía, la administración Trump y los EE.UU. han establecido un protectorado a través de la diplomacia de los cañones y misiles sobre el interinato de Delcy, en sus palabras lo ratificó el mismo 3E26 cuando declaró que de no aceptar los términos continuarán con la ejecución de quienes se les opusieron. Esa es la realidad, porque no hubo una declaración de guerra contra la República Bolivariana de Venezuela, solo una oferte de 50 millones de dólares por la captura de Nicolás Maduro Moros por narcoterrorista, y el resto de un largo elenco de funcionarios y funcionarias de la administración madurista; quienes salieron por la puerta de atrás en medio de las contradicciones y las dudas que pesan sobre la humanidad de cada cual, que después de las arengas y las consignas sobre la defensa de la patria, huyeron o se escondieron bajo tierra como topos y topas, para luego salir sin un rasguño a ocupar sus cargos donde están atornillados desde hace una década. Esa es la realidad, digo yo, con todo y lo equivocado que pudiera estar, pero ahí están las evidencias, las pruebas.

Acaso el reconocimiento que se le hace al gobierno interino de Delcy no pudiera interpretarse como un intento por EE.UU. de legitimar una alternativa al gobierno de Maduro, en especial si en Washington se considera que se cumple con los principios democráticos y representa la voluntad popular, para que ese reconocimiento sea formal al gobierno madurista. El reconocimiento de un gobierno implica aceptar su soberanía y autonomía, lo que hace que exista legitimidad; pero en este acto lo que se aprecia es una contradicción de origen, porque está acompañado por acciones violatorias al derecho internacional, y que deja sin efecto la soberanía venezolana, por los ataques militares perpetrados por el secuestro del presidente en ejercicio de Maduro, tras un ataque militar y la violación de la soberanía. Todo el mundo fue testigo de que EE.UU. llevó a cabo un ataque militar con ingreso de unidades conjuntas por aire, mar y tierra, clara violación del derecho internacional, que anuló la soberanía e integridad territorial del Estado venezolano. Acción que socava por su impacto político, cualquier pretensión de respeto de la soberanía, basta con interpretar en base a la injerencia extranjera en los asuntos internos del país. Se secuestró al presidente Maduro y sin un proceso de extradición o sin el consentimiento del gobierno venezolano, violentando la legitimidad jurídica, porque además de su inmunidad de los jefes de Estado en ejercicio, fue llevado esposado, lo que fue un impacto diplomático y mediático, causando muchas dudas sobre la sinceridad del reconocimiento posterior sobre una supuesta soberanía bajo un acto de coerción y control político.

Se trata en todo caso de unas relaciones diplomáticas de doble estándar, pues hay reconocimiento formal al gobierno venezolano por los EE.UU., siendo que quienes lo ejercen son los funcionarios del mismo gobierno de Nicolás Maduro Moros, el presidente secuestrado y quien es la figura principal en el conflicto y las acciones que se llevaron a cabo desde un ataque militar con cientos de bajas, de heridos y de destrucción de instalaciones venezolanas. Entonces es pertinente pensar en que todo lo que se hizo estuvo concertado de antemano, es lo que se interpreta bajo el intento de un cambio de régimen, para ejercer el control sobre el país, llevándose por delante el respeto de la autonomía. Porque los argumentos esgrimidos por los EE.UU. van a tono con la necesidad de sostener relaciones para justificar acciones que buscarán estabilizar la región, para poder llevar adelante los sucesivos ataques planteados en la agenda guerrerista contra sus otros objetivos en la mira, como han sido Cuba e irán, por los genuinos intereses geopolíticos, sin embargo, todo lo anterior conduce como es sabido al petróleo.

Esto es lo que se puede interpretar a la luz de la verdad, porque no ha sido fortalecer la democracia, o el derecho internacional, las acciones emprendidas violentaron la soberanía del Estado, a través de un ataque militar y secuestro de un jefe de Estado, incompatible con el principio de no intervención, siendo entonces unas acciones ilegítimas ante el derecho internacional. Socavar los principios elementales del respeto a las políticas internas de cada país, es un reconocimiento de que se viola la soberanía, y de ahí que una real autonomía no existe. Acciones perpetradas contra Maduro socavan los principios y generan dudas sobre la sinceridad del reconocimiento de los eventos posteriores al 3E26. Si se analiza el contexto, la lucha por la legitimidad política en Venezuela está seriamente empañada por las acciones asumidas por los representantes de los poderes públicos en Venezuela, pues empeñan el futuro del país, cediendo la soberanía ante el mejor postor, lo que dista de ser un acto de gallardía.

Son los intereses estratégicos de los EE.UU. no los de Venezuela, pero necesitan sostener relaciones y cooperaciones, nada de esto apunta a que lo que se busca es promover la democracia, la estabilidad regional y los derechos humanos en Venezuela. Los objetivos son otros, y pasan por encima de nuestra soberanía, porque no se respeta el derecho internacional, pero se aplica la cooperación bilateral con un gobierno interino, y justificar así que las corporaciones de EE.UU. intervengan en el país y se hagan de nuestros recursos, a cambio de nada para el pueblo. Dónde queda entonces la soberanía, el uso y las atribuciones por ley bajo la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, de los intereses de cada uno como partícipe y protagonista del destino que nos quieren imponer ahora los Rodríguez, la otra cara del madurismo sin el chavismo. Entonces, sólo si hay un reconocimiento a la soberanía por parte del régimen y los EE.UU. que se traduzcan en acciones concretas, en condiciones y beneficios para el pueblo de Venezuela, de la dignidad y la legitimidad de los acuerdos, a través de la diplomacia y no de la fuerza, ni de más coacción por parte de los representantes (E), y bajo los principios de la soberanía, la no intervención ni injerencia externo, y por la autodeterminación, sin tutelaje de gobierno extranjera.


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