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Normalidad, singularidad y soledad

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18.09.2026

Definitivamente, el mundo se hizo para los idiotas y para el colmo estos se sienten bien cometiendo sandeces. Esta apreciación no es una exageración, dado que este modo de actuar se convirtió desde hace siglos en la normalidad, es decir, en la conducta que se ajusta a las reglas, a las costumbres o al estado habitual de la mayoría. Dichas reglas conllevan a una generalidad a cumplir con las costumbres, los comportamientos impuestos y las características que la mayoría de las personas de una sociedad acepta o repite de manera repetida.

La normalidad unifica la conductas de millones de personas ante el mismo estímulo o mensaje y para esto se inventaron las religiones; los partidos políticos; los clubes deportivos; las cofradías; las fraternidades como la masonería, o los rosacruces, o las fraternidades estudiantiles y las congregaciones religiosas; los clanes como el Ku klux klan, los clanes escoceses; la democracia; el sionismo; los grupos racistas como los neonazis, las organizaciones de supremacía blanca, los cabezas rapadas; los consumidores, quienes adquieren o utilizan bienes, productos o servicios como destinatario final para satisfacer sus necesidades o deseos; el nacionalismo; entre tantos de los grupos sociales que tienen unificados sus comportamientos, es decir, que aceptan sin discutir los lineamientos provenientes de un individuo o del grupo que los dirige, con posibilidades de manipular las mentes de los miembros de tales agrupaciones. Es por esto que la estupidez es la característica fundamental de tales multitudes.

Actualmente normalidad es sinónimo de estupidez, dado que una gran mayoría de personas se comporta de manera errática ante los graves problemas que afectan al universo. Por culpa de la estupidez de millones de votantes se elige para presidente al candidato de la derecha, una persona que representa los intereses de grupos económicos que están gobernando desde hace siglos y nunca han resuelto los verdaderos problemas que padecen los pueblos. Una vez que triunfan se preocupan por hacer la guerra, fabricar armas letales, enviar al espacio satélites, conquistar Marte y la Luna, desarrollar tecnología que solo beneficia a los ricos, colocar en el espacio satélites para espiar a los terrícolas, artilugios cuya fabricación tiene un costo inimaginable para los mortales que solo aspiran un salario digno, una casa para la familia, un buen sistema salud pública, buenos servicios, una buena educación para los hijos. De seguro ninguno menesteroso tendrá la opción de un viaje interplanetario que dure cincuenta años para llegar a Venus, solo para constatar si hay agua. Algo extraño, porque el vital líquido de la Tierra está contaminado por los ricos. Es una estupidez preocuparse por la conquista del espacio, cuando los problemas de la Tierra........

© Aporrea