"Crónica de una muerte anunciada". Mesa del diálogo, manipulada por un vivo y observada por puros muertos
El escenario es un cementerio; toda hora o momento es medianoche, la oscuridad prevalece. Esta se apodera del espacio todo; no hay luz, en él y tampoco en la mente, de quienes este ocupan, en rol de actores cadavéricos y menos donde el público sentado está, uno también compuesto por muertos o dormidos profundamente.
Antes del diálogo y por lo que a él llegamos, durante años, nos cayeron día a día, sin descanso "las siete plagas de Egipto". Llegaban en paquetes de a siete, cumplían su labor corrosiva, infectante y destructiva, hasta agotarse. Cuando a esas se les agotaba el aliento y, no pudiendo hacer más, llegaban otras en otros paquetes. Acá había observadores, acorazados para evadir el efecto de las plagas, que informaban afuera el momento preciso de hacer que nuevas plagas llegasen. Y hasta ponían cuidado, hasta su alma, en esparcir las plagas de manera que invadieran todo espacio. Pero había en los bandos enfrentados, acorazados, a quienes las plagas nunca llegaron y aún no llegan y, de hacerlo, el pico se les derrite y muertas rodaban y ruedan por el suelo.
Quienes debían defendernos de aquel feroz ataque, como copiado de aquel desatado con la Caja de Pandora, una sola caja, pero con todos los males adentro, que eran siete, pero con toda la fuerza destructiva de una invasión, nunca supieron qué y cómo hacer. A pesar que diseñaron previamente un plan para liberarnos y hacer de nuestro espacio algo así como "La isla de Jauja", sin plagas, nunca supieron por dónde empezar o mejor, empezaron por hacer lo que no debían; con palabras y conceptos que nunca debieron expresar; pues ellas y ellos, se devolvían, se metían por la fuerza en las bocas que las pronunciaron, se llegaron al cerebro y crearon un engrudo que, al secarse, les volvió tal zombis y, mirando todo al revés o como no debía ser. Es decir, el plan inicialmente expuesto........
