Cagua y sus Frutales, árboles del recuerdo
En este trayecto, son muchos los árboles que disfruté, en mi infancia, juventud y en esta tercera válida, en este paseo maratónico por la vida. De todo ha habido, desde bañarse en los patios de las casas y en la calle, hasta "jubilarse" de la escuela, para ir tras de los pájaros y las comelonas de frutas, en cada lluvia, surgía la alegría ante las gotas del universo, flores que nos saludaban salpicando nuestra cara y casi desnudo cuerpo. Era lo máximo, aunque se "pescara" un resfriado y todos los regaños y las cuerizas "correctoras" ante el desacato de cumplir con el horario escolar. Desobediencia y alegrías que incontables veces culminaron frente a la adusta cara de nuestros representantes. Se repetían las odiseas, la fuga, la comelona de frutas, el baño público y las risas. Vulnerada así la autoridad adulta.
Los frutales nos brindaban, a toda esa muchachada, sus ramas para el columpio y para remontar su cuesta, en búsqueda de sus generosos frutos, en calles y avenidas públicas de mi natal Cagua, en los solares de los patios de propiedades vecinas.
Escuchábamos el grito: "muchacho er carajo cuidado te caes, se lo voy a decir a tu mamá", "vayan a joder a otro lado", y así, sin prestar mucha atención, entre carcajadas, continuamos con las travesuras por alcanzar las frutas, comerlas o llevarnos una muestra para la casa, nunca ocurrió desgracia alguna.
También era divertido competir -entre nuestras voces infantiles o juveniles voces- por las frutas regadas, sobre el suelo, en la vía pública. Calmaban el hambre y las ganas de apropiarse por lo seductora de sus atractivos colores. No pocas veces, muy temprano, antes que saliera el sol, madrugabamos tras el mango de hilacha en el patio de doña Gregoria Guevara, (la eterna comadre de mi madre) que espantada veían, nuestra temeraria osadía, de subir al copito más frondoso de la mata de mamón, también buscábamos el atractivo bocado en la puerta del cementerio o en la esquina de la calle Las Flores, donde tres frondosos árboles (que aún existe uno) eran atravesado por el flujo de agua de la acequia. Tres frondosos y grandes árboles cuyos frutos, los transeúntes aún aprovechan, en la época el paisaje era florecido y cubierto el piso por el dulce y atractivo mango.
En la vía pública y al alcance de todas las manos, junto a los árboles de mango, presente el frondoso cotoperiz, el mamón, el caimito, el tamarindo, el mamey y el níspero, bajos sus sombras armabamos las partidas de comilona, eso era diente y más diente con esa variedad de fruta pública a la orden de la energía corporal que reponer, o era espacio debajo de ellos para la........
