Crónica del despojo y la fiera: El pacto de los lacayos ante el imperio
No se me quede callado
Conteste si no hay razón
En que sigamos luchando
Por echar de nuestra Patria
Al yanqui que nos la quita
Y al lacayo que lo tapa
Habría que concederle a nuestra geografía el rigor de un destino mítico: nos decretó nacer sobre un suelo tan majestuosamente bendecido por la exuberancia, tan colmado en sus entrañas de riquezas milenarias, que parecía blindado por la providencia contra la miseria.
Hizo falta la codicia meticulosa, el desamor paciente y la prisa de rapiña de una cúpula transformista, para obrar el milagro inverso de arruinarlo y entregarlo al remate de los mercaderes.
Pero el giro más deslumbrante de esta tragicomedia de subastas, aquello que estremece la conciencia colectiva con el escalofrío de la estafa, no es solo el remate en sí, sino el linaje de los entreguistas.
En una perfecta ilustración del transformismo la burocracia estatal ha resuelto sus contradicciones teóricas capitulando ante la ilusión burguesa de un ‘consenso de clases’; un eufemismo pragmático con el que pretenden disfrazar su claudicación definitiva ante el capital global, para sentarse ya no como revolucionarios, sino como socios menores del imperio.
El remordimiento y la rabia hacia ese imperio yanqui son históricos, legítimos y obligatorios; su forma voraz de intervenir los pueblos del mundo y ensañarse contra Venezuela, Cuba, Irán y una larga lista de países, no es una teoría, es la historia concreta de una agresión permanente.
La verdadera línea de defensa reside en el pueblo, una fuerza histórica que ya en Vietnam demostró que la resistencia popular dobla al imperio y esa es la doctrina Bolivariana. Sin embargo, se desmantelaron los protocolos de defensa para imponer la matriz de superioridad tecnológica enemiga. Todo esto hizo pasar el asalto nocturno de los vulgares secuestradores del Imperio, como una operación exitosa.
Se olvida que para que los aviones imperiales sobrevolaran Caracas la madrugada de aquel trágico 3 de enero, violaran el espacio aéreo, bombardearan zonas militares y civiles, y secuestraran al presidente y a su esposa, hizo falta algo más que audacia y tecnología extranjera. El ataque cobró la vida de cientos de compatriotas —aún sin cifra oficial—, entre ellos 32 hermanos cubanos.
La verdad histórica es que no saltaron ninguna cerca; a la fiera le abrieron la puerta desde adentro. El éxito de la incursión del 3 de enero dependió del desmontaje coordinado de los mecanismos defensivos. La propia cúpula del entonces llamado "alto mando político, militar y policial de la revolución" anuló el protocolo de defensa integral de la nación el mismo día de su entrada en vigor, mediante el Decreto Presidencial 5200 del 3 de enero de 2026, la orden emanada de este decreto, no fue cumplida.
Nadie vulnera una fortaleza blindada, si la........
