Es por el petróleo, pero también para destruir el chavismo
Un mes después del ataque de Estados Unidos, Venezuela sigue siendo ese lugar donde pasó todo y, al mismo tiempo, no ha pasado nada.
No por casualidad, Venezuela se ha convertido en un caso emblemático de esta nueva fase de la confrontación global, por su posición estratégica sobre el mar Caribe, su historia política reciente, -desde advenimiento al poder del presidente Hugo Chávez en 2002-, su demostrada capacidad de resistencia frente a presiones externas, pero sobre todo por su tan apetecido potencial energético.
La violenta agresión armada y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa marca una nueva etapa: lo ocurrido a partir del 3 de enero no debe leerse como un episodio aislado ni como una simple escalada táctica del hegemón, sino como un mensaje dirigido al conjunto del Sur Global, sobre todo en los últimos meses, a raíz del cambio profundo en el que ejerce el poder el presidente estadounidense Donald Trump en el sistema internacional,
Secuestrar a Nicolás Maduro no hizo caer al gobierno. En la calle, los venezolanos lo saben. Conviven en una paz vigilada, condicionada, frágil. Caminan con cautela y todavía hablan bajito. En muchos, el miedo todavía persiste. Por eso, un mes después del ataque de Estados Unidos, Venezuela sigue siendo ese lugar donde pasó todo y, al mismo tiempo, no ha pasado nada. Cambiaron los personajes, no el guion. El chavismo, tras 27 años en el poder, sigue gobernando el país, señala el portal TalCual.
Ahora lo hace bajo una tutela externa que nadie disimula. Estados Unidos marca el ritmo y Donald Trump proyecta su sombra sobre el nuevo tablero político. Se habla de transición, de una etapa intermedia que podría durar meses o años. Pero en la vida cotidiana, todavía no hay traducción concreta, añade. Hasta ahora nadie se ha tomado en serio el deseo de Trump de convertir a Venezuela en........
