La palabra empeñada bajo la amenaza de un fusil no es palabra
¿Puede llamarse acuerdo a lo que se firma con una pistola en la sien?
Hay preguntas que incomodan. Preguntas que atraviesan los despachos, que molestan a los poderosos y que, por eso mismo, rara vez encuentran espacio en las grandes portadas. Esta es una de ellas.
¿Puede llamarse acuerdo a lo que se firma bajo amenaza? ¿Puede considerarse legítimo un documento arrancado mediante la coacción, el miedo o la amenaza de muerte? ¿Puede hablarse de paz cuando una de las partes negocia con un fusil apuntándole a la cabeza?
En Bruselas prefieren no hacerse estas preguntas. En determinadas redacciones que se proclaman independientes, tampoco.
Pero la pregunta sigue ahí.
Y la respuesta debería ser elemental: la palabra empeñada bajo la amenaza de un fusil no es palabra.
Un acuerdo firmado con una pistola en la sien no es un acuerdo. Es una imposición con membrete.
Venezuela: cuando el secuestro se convierte en diplomacia
El caso venezolano debería bastar para comprender hasta dónde puede llegar esta lógica.
Tras el secuestro del presidente legítimo, Nicolás Maduro; tras la amenaza abierta de una intervención militar estadounidense sobre territorio venezolano; tras advertir al resto de la dirigencia chavista de que cualquier resistencia tendría consecuencias todavía peores, ¿qué clase de libertad existe para negociar?
Cuando una parte tiene el poder de amenazar con la muerte, con la invasión o con la destrucción de un país, mientras la otra intenta evitar que mueran sus ciudadanos, no existe igualdad entre las partes. No existe una negociación libre. Existe coacción.
Y cuando un pueblo firma para impedir que derramen su sangre, no está entregando su soberanía voluntariamente. Está intentando sobrevivir.
Firma para ganar tiempo.
Firma para salvar vidas.
Firma porque tiene un fusil apuntándole a la cabeza.
Eso no es diplomacia. Eso es chantaje.
El método Trump: primero la amenaza, después la firma
Y no estamos ante un accidente de la historia. No estamos ante una anomalía. Estamos ante un método.
El método consiste en amenazar primero y negociar después.
Sanciones. Bloqueos. Aranceles. Presiones económicas. Amenazas militares. Secuestros. Magnicidios. Intervenciones.
Y, finalmente, una mesa de negociación para que el mundo pueda contemplar el resultado y llamarlo «acuerdo».
Es una vieja fórmula imperial con un nuevo envoltorio.
Primero se coloca al adversario contra las cuerdas. Después se le ofrece una salida. Y, cuando acepta porque no tiene........
