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El poder está en ruinas

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10.07.2026

La catástrofe del terremoto en Venezuela no cayó sobre terreno firme: impactó sobre un país ya resquebrajado por una crisis económica, financiera, social, de infraestructura y, además, por una crisis institucional propia de un Estado fallido. Ese encadenamiento es lo que vuelve esta tragedia tan devastadora. Un país puede enfrentar un desastre natural cuando su institucionalidad está en pie, cuando existen sistemas de respuesta, cuando la economía permite movilizar recursos y cuando la infraestructura resiste el golpe. Pero cuando todo eso está roto —cuando el Estado es un traje mal cosido, cuando las instituciones son paredes huecas, cuando la economía está exhausta y la sociedad lleva años resistiendo— el terremoto no sólo destruye estructuras: desnuda la verdad.

Y esa verdad es brutal. Las crisis acompañadas de catástrofes son extremadamente demandantes: exigen liderazgo y exigen competencia en la gestión, simultáneamente, sin pausas ni excusas. La gente necesita que alguien le despeje el horizonte, que explique con claridad qué ocurre, qué se hará, quién está a cargo. Eso es liderazgo. Pero también exige que los problemas reales sean solucionados más allá de la emergencia, que haya logística, planificación, ejecución. Eso es competencia gerencial. Sin liderazgo, la gente se desorienta; sin gestión, la gente queda abandonada. En una catástrofe, desorientación y abandono se convierten en una combinación inmanejable.

El problema es que en Venezuela, desde hace años —desde la muerte de Chávez, que era muy incompetente pero tenía liderazgo— el poder está ocupado por personas en las que coinciden la falta de “leadership” y la más indisimulable........

© Analítica