Los salmos: Anatomía del alma
“De lo profundo, oh SEÑOR, a ti clamo. SEÑOR, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica.” Salmos 130:1-2.
Cuando leo el Salmo 130 siento mi alma enlazada con la del salmista a través de los siglos. Su clamor se parece al mío; sus palabras describen mi vivencia, el deseo más profundo de mi alma. Dirijo mi mirada a los Cielos, buscando, inquiriendo, anhelando Su presencia, esperando sentir Su amor, saber que la voz de mi oración ha llegado a Sus oídos. Es una oración que ha nacido desde lo más profundo del alma; desde ese lugar de la intimidad del corazón que expone su dolor y su verdad.
El clamor del salmista es desde las profundidades; como buzo se que a medida que nos adentramos en lo profundo del océano, la oscuridad se va haciendo más palpable, la presión aumenta y el consumo de oxigeno es mayor. Tal como en las profundidades de la vida; esos tiempos en los que pareciera que no tenemos la capacidad de hacer frente a lo que tenemos por delante y necesitamos más de quienes son vitales para nuestra existencia e inexorablemente comprendemos que necesitamos más y más de Dios. Es precisamente, en esos momentos en los que el clamor surge como un grito de auxilio, como la oración más pura y sincera.
“JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá........
