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Los rostros de la fe IX: El leproso que se acerca

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15.03.2026

Hoy el rostro de la fe que nos muestra el evangelio toca mi corazón de una manera contundente y profunda; me conmueve hasta las entrañas. Hoy la tristeza ha empañado mi vista, en la oración de la mañana las lágrimas brotaban de mis ojos como la expresión de mi alma, como el lenguaje que no podía expresar con palabras. Más tarde al sentarme a escribir este episodio de Los rostros de la fe constato que me corresponde hablar de este pasaje del leproso que tuvo la valentía y la humildad de acercarse a Jesús. Entonces vuelvo a conmoverme, ya no con tristeza en mi corazón sino con gratitud a Dios al comprobar la manera tan amorosa en la que su Espíritu Santo guía nuestras vidas a través de la comunión con Él. Y es que este pasaje de las Sagradas Escrituras nos revela, una vez más, el Reino de los Cielos. Ese lugar espiritual en el cual Dios quiere que vivamos a pesar de estar aquí en la Tierra, en un mundo caído, separado de Dios y de su propósito.

El amor de Dios por la humanidad es inquebrantable y Él siempre responderá cuando a Él clamamos. En la época en la cual Jesús caminaba por Galilea ejerciendo su ministerio, bajo la influencia grecorromana, la lepra, también conocida como la enfermedad de Hansen (una infección bacteriana que afecta la piel y los nervios) era una enfermedad que también tenía una connotación espiritual. Según el libro de Levíticos, los leprosos debían vivir apartados de la sociedad, a su paso debían gritar: “inmundo, inmundo”, no les era permitido entrar a las sinagogas, tampoco podían entrar a las ciudades amuralladas, no podían tocar a nadie y tampoco nadie podía tocarlos.

Los leprosos eran considerados impuros lo cual implicaba una exclusión civil y religiosa. Dependían básicamente de las limosnas que almas bondadosas pudieran........

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