La integridad en lo secreto – Lo que somos cuando no tenemos público
“El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado.”
Todos sabemos el valor de la reputación, el gozo de tener un nombre limpio. La serenidad de un corazón que no nos reprende nos hace caminar con la cabeza erguida, sin temor, sin angustias. Construir este fundamento y reflejar esta imagen es una labor de toda la vida, es una siembra constante de la semilla del bien; son decisiones de cada día que van desde los actos más pequeños e intrascendentes hasta aquellas acciones que tienen repercusiones como una onda en expansión. En un mundo de filtros, donde se escoge la apariencia validada o esperada por otros, antes que mostrar el verdadero rostro, muchos logran captar la admiración de otros; sin embargo, cada quien sabe si en la intimidad, con su familia y, en los círculos más cercanos su vida se está desmoronando o, por el contrario, está construyendo una vida auténtica con coherencia entre la imagen que muestra cuando tiene público y la que muestra en los espacios invisibles: en las pequeñas decisiones que hacen la diferencia, en los pensamientos que alimentan errores ocultos, en el trato con aquellos más vulnerables, los que no pueden dar recompensas. La verdadera motivación para hacer el bien cuando no hay gloria que recoger, sino sacrificio que ofrecer, la fidelidad cuando no hay ojos vigilantes; en fin, quiénes somos cuando nadie nos ve.
La verdadera integridad se forma cuando vivimos con humildad delante de Dios, de acuerdo a sus mandamientos, buscando cada día su gracia para actuar con sabiduría y ser aprobados por Él en nuestro proceder. No obstante, cada día más son muchos los que deciden caminar en el espectáculo humano, mostrando vidas perfectamente editadas........
