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El silencio de los rescatistas

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12.07.2026

De pronto, todo se detiene. Uno de los rescatistas levanta la mano y el ruido de las herramientas cesa entre el polvo, las piedras y el concreto quebrado. Nadie habla, porque alguien cree haber escuchado un sonido casi imperceptible debajo de los escombros. En ese instante, el tiempo parece suspenderse; el silencio adquiere una gravedad sagrada. Allá, abajo, parece encontrarse un corazón que sigue latiendo como una voz que espera ser escuchada.

Ese silencio contiene una de las expresiones más hondas de la esperanza humana. Los rescatistas no saben quién está atrapado, cuál es su historia, qué piensa o qué ha hecho para merecerse tal oportunidad a cambio de un sacrificio supremo; solo saben que alguien necesita ser encontrado. Por esa razón, aguzan el oído, contienen la respiración y vuelven a buscar aun cuando el cansancio comienza a quebrantar sus cuerpos. Mientras exista la posibilidad de escuchar un golpe, un gemido, un suspiro, ninguna edificación derribada puede considerarse definitivamente cerrada. El corazón del rescatista se niega a aceptar que el silencio signifique necesariamente la muerte. Ellos saben escuchar los murmullos; esos susurros que gritan por ayuda.

Durante los días posteriores al terremoto, Venezuela contempló innumerables manifestaciones de ese corazón. Llegaron rescatistas de distintos lugares del mundo, mientras hombres y mujeres de nuestras comunidades removían escombros, cargaban heridos, distribuían agua y ofrecían refugio a quienes lo habían perdido todo. Muchos trabajaron con herramientas insuficientes y otros lo hicieron con sus propias manos, movidos por la urgencia de alcanzar a quienes permanecían atrapados. En medio de una tragedia que parecía haberlo destruido todo, comprobamos que la bondad humana es invencible; descubrimos que todavía quedaban personas dispuestas a entregar sus fuerzas por la vida de un desconocido. Mientras las construcciones se derrumbaban, la humanidad encontraba nuevas maneras de permanecer de pie.

En efecto, las catástrofes no solo destruyen, también revelan. Bajo la presión del miedo aparecen la fragilidad,........

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