Hagamos las paces. Madres en orfandad
El artículo 75 de nuestra Constitución dice, textualmente, que “El estado protegerá a las familias como asociación natural de la sociedad y como espacio fundamental para el desarrollo integral de las personas. (…) El estado garantizará protección a la madre, al padre o a quienes ejerzan la jefatura de la familia.”
Sin embargo, cuando uno conversa con cualquier madre, sea de clase media/empobrecida o de clase popular, mas empobrecida todavía, te cuentan las angustias que están pasando, comenzando por el tema de la mala calidad o de la casi inexistencia de los servicios públicos en nuestro país. Como me comentaron unas madres, – y abuelas – en una reunión en Barquisimeto. Algunas dijeron que tenían que levantarse de madrugada a agarrar agua, “a la 1 de la madrugada es que llega por donde yo vivo, paso como dos horas en eso. No tenemos tanque, y una vecina que tenía una plantica, se le dañó por el problema de los apagones en el sector”. Y testimonios como ese se repetían. De paso, una señora se estaba durmiendo, de pronto despertó y pidió disculpas, “Es que además de tener que pararme a agarrar agua, debo levantarme temprano para llevar a la niña a la escuela, paso el día con sueño, pero teniendo que hacer muchas cosas”.
Y cometarios parecidos escuchamos cuando damos nuestros cursos a las madres, para que tengan herramientas y promuevan la paz en el hogar y en su comunidad.
En este mes, que se celebra el Día de la mujer, no podemos pensar sólo en los derechos civiles de las mujeres, como el del voto, o el de la igualdad ante la ley, o el de mejoras salariales – válido para mujeres y hombres de este país-, es que los derechos humanos son interdependientes y tener agua es un derecho humano y para tener condiciones de vida dignas son necesarios los servicios públicos, por ejemplo.
La angustia, el estrés es perjudicial para la salud mental y puede afectar a la salud física también. Y cuando la falta de agua y los apagones de electricidad son frecuentes, y además sin aviso, le afecta a uno todo el tiempo.
Añadamos que, normalmente, las tareas de la casa están muy mal distribuidas, a la madre le “caen” casi todas. Eso tiene que cambiar, por el bien no sólo de las madres, sino por el bien de la familia en donde debe reinar un clima amigable, de armonía, participación activa. Así que hay que distribuir las tareas de manera equitativa entre todos los miembros de la familia. Y, mejor es hacerlo en una reunión, fraterna, por consenso, que se vea que a la madre no le puede tocar todas esas tareas que tienen que ver con el bien de todos.
También ayuda mucho para el clima familiar, cultivar el buen humor, no la burla, sino el buen humor, la sonrisa y la risa, los momentos de calidad en la atención de los hijos.
Dado pues que el Estado no se está ocupando de “proteger a la familia”, sin dejar de exigirlo porque eso es un derecho, nosotros también tenemos que hacerlo.
Y no olvidemos los que somos educadores, que la principal alianza de la escuela tiene que darse con las familias, cuando se cambia el dedo acusador por la mano extendida, las relaciones funcionan mejor, en términos de cooperación. Escuela y familia están en el mismo lado de la cancha.
Hay que seguir trabajando entonces por los derechos de la mujer con todas estas actividades, sin dejar de exigir, repetimos. Y conviene también que las madres y las mujeres en general, tengan sus grupos de apoyo mutuo: vecinas, compañeras de trabajo, esas viejas amigas de siempre, compañeras de representantes de la escuela de los hijos. Tenemos que ayudarnos mutuamente. La orfandad no nos ayuda. La paz del mundo y de nuestro país, supone protección de todos sus miembros. La familia es la base de la sociedad.
