A cuidarse de las ilusiones
La sostenida recuperación económica a tasas elevadas de Alemania y Japón después de la II Guerra Mundial, recibió el apodo de “milagro”. Igual calificativo se le aplicó al caso italiano, aunque de forma menos notoria. Pues, si las estadísticas daban para hablar del milagro alemán o japonés, igual connotación hubiera podido usarse para referirse a Venezuela entre los años ´40 hasta finales de los ´70 del siglo pasado. Detrás de ello estuvo, claro, las enormes oportunidades que ofreció el vertiginoso crecimiento de la explotación del petróleo de nuestro subsuelo.
Durante buena parte de este lapso la conducción del país estuvo, felizmente, en manos de políticos comprometidos con la democracia, la justicia social y la correspondiente modernización económica y de sus instituciones. Aun así, el impacto de los abruptos incrementos en los precios internacionales del crudo de los ´70 y principios de los ´80, preservó, en la imaginería de muchos, la ilusión de un “Estado Mágico” (Coronil, 2013) que todo lo podía. Aquellos gobernantes cuya gestión se quedaba corta de tales expectativas tenía que ser, a los ojos de la gente, por desidia, incompetencia y/o corrupción, pues plata había. Otras explicaciones, así fueran muy legítimas, no entraban en la ecuación.
Esta visión voluntarista de gobierno, reforzada por el presidencialismo dominante, dejó abierta la puerta a la búsqueda de líder providencial que cumpliera con las aspiraciones de la gente. A pesar de haberse consolidado las instituciones de una democracia funcional, apegadas a la constitución y el Estado de derecho, la ilusión de “milagros” asociados a nuestra condición de país petrolero nos daba confianza en que se sortearían nuestros problemas. Y le sirvió la cama a Chávez. Al saltar los precios del crudo a más de USD 100 el barril, tal ilusión avaló su socialismo de reparto, mientras él y su sucesor destruían la economía y terminaban de montar un régimen de naturaleza fascista. Acabar con la libertad de prensa le facilitó al chavismo fabricar ilusiones para mantener el respaldo de la población. Hoy, Delcy Rodríguez, corresponsable de la destrucción referida, ha........
