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Todos Adoramos y Rendimos Culto a Algo, Nos Guste o No

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Con la irrupción de la película La Odisea de Christopher Nolan, la conversación pública está girando alrededor de uno de los fundamentos de nuestra civilización: la literatura griega ilustrada en La Ilíada y La Odisea. Estas obras fueron escritas entre el siglo VIII y VII a.C. cuando apenas el alfabeto griego estaba tomando arraigo en la historia humana. Eruditos de las obras aseguran, que las tradiciones orales que venían cabalgando por cientos de años llevando el conocimiento de nuestros antepasados, encontraron su molde en las obras literarias que condicionaron la cultura de la antigua Grecia y, más tarde, buena parte del imaginario occidental.

Si has leído o visto la película de la Odisea, sabes que monstruos y criaturas extraordinarias están a cada giro de la trama, que los dioses están en el trasfondo manipulando y que el hombre está, como en una pequeña barca en medio de una grandiosa tormenta.

La Ilíada y la Odisea se enfrentan como dos posiciones vitales

La Ilíada es la representación del hombre que busca la gloria con la ofrenda del sacrificio personal e inclusive la muerte para lograrlo: la gloria del guerrero que sacrifica su vida joven en la más encumbrada guerra como el máximo galardón a lograr.

La Odisea es la ejemplarización del hombre que sacrifica orgullo, comodidad, inmortalidad, divina complacencia y deseos satisfechos, aun en medio de obstáculos e impedimentos… no solo por volver al hogar del que partió, sino por volver al lugar que lo reconoce, lo prueba y lo reintegra: Ítaca, Penélope, Telémaco, su casa, su nombre, su responsabilidad.

Aquiles y Odiseo son dos caras de una moneda; dos maneras de servir a lo que entienden como su ethos, la realidad más grande que ellos, aquello que los orienta y les hace rendir su vida… y entregar su muerte si fuese necesario.

El “hombre moderno” cree haber superado la creencia en monstruos, hechiceras y sirenas encantadas –como las de la Odisea–; pero no han desaparecido las fuerzas que encantan, desvían o devoran al ser humano. Solo han cambiado de forma. Hoy muchas de ellas se presentan como promesas de justicia, identidad, liberación o redención, pero terminan desordenando nuestra relación con la realidad. Nuestro mundo está desbordado de rabias e ideologías que arrasan con violencia y muerte, tales como el racismo, el fanatismo islámico y el marxismo; igualmente, hay encantamientos contrarios a la naturaleza más obvia, como las teorías de transgénero y la creencia woke. Hay diferentes monstruos, brujas y hechizos desolando las estructuras de convivencia en Occidente y asolando las posibilidades de un futuro prometedor. Pareciera que todos estos monstruos y hechizos nos impiden volver a nuestro hogar, nos descarrilan de nuestra responsabilidad… como Odiseo en una pequeña barca a merced de una gran tormenta.

A través de todo ello, sobresale una........

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