La Identidad en contextos de crisis
Para comprender el significado de Identidad, principalmente desde la diversidad que caracteriza la cultura en un sentido amplio, se requiere una visión auténtica de quien se plantea tan trascendente propósito. Para ello, deberán superarse las diferencias que engendran las dinámicas sociales, económicas y culturales. Inclusive, las políticas, por cuanto de su relación con los proyectos de vida de cada persona, emanan ideales capaces de convertirse en los fundamentos que aportan fortalezas a las rutas que se abren ante el avance de cada quien.
Es así como la identidad deja de ser una percepción personal afincada en un contexto sembrado de perspectivas trazadas con base en el ideario que cada quien -en su nivel de conciencia- logra fraguar a nombre del patrimonio moral y ético que ha presumido construir. Por consiguiente, la identidad pasa a verse bajo nuevas variables y factores de razón. De manera que, vista la identidad desde los revuelos que se dan en el marco de toda crisis de profundos impactos y de agudas decisiones, constituye el sentido que de sí mismo, el individuo termina forjando.
Por eso, la identidad, además de alcanzar explicarse en lo social, lo cultural y lo profesional, puede también argumentarse desde lo nacional, regional, local y digital. Aunque al hablarse de identidad, generalmente está aludiendo a la identidad que refiere la identidad personal. Fundamentalmente, por cuanto tan categórico valor identitario, adquiere forma y fondo toda vez que se vincula a razones que permiten su contextualización.
Con base en esta justificación teórica, es posible articular un concepto que, al reunir las susodichas fuentes argumentativas, podría terminar así:
Identidad es el conocimiento que cada ser humano tiene de sí mismo en su relación con el entorno mediato e inmediato. O influido por las realidades. Por tanto, la identidad es capaz de otorgar valor y propósito a la naturaleza afectiva del individuo y congruencia con el ideario que exalta su vida. Asimismo, en el plano del reconocimiento de la paridad o coincidencia que aprecia la persona de todo individuo con quien mantenga alguna cercanía lo que permitirá a cada quien percibir o declarar su identidad personal. Desde luego, valorar factores de moralidad y ética, y concienciar la historia que lo envuelve como ser social, político y económico comprometen la identidad personal. Igualmente, como ser humano apegado a una estructura deontológica. Y como persona, consciente de la capacidad creativa propia que lo induce a percibir su fortaleza cognitiva, espiritual y emocional.
Que cada quien logre reconocer su identidad personal, permitirá no sólo tomar decisiones mejor informadas y congruentes con valores éticos y morales y aprehensiones de la vida, sino también actuar apegado a la sinceridad, honestidad y motivación que bien lo conduzcan a una mayor satisfacción, bienestar en su vida y modo de ver el mundo.
A modo de reflexión final
No obstante, debe admitirse que la identidad no es fija. Admite cambios en su consideración. Es decir la identidad es dinámica. Razón para habla de la identidad dinámica, precisamente por mostrarse movible lo cual es por los cambios que incitan a una persona a tener distintos o nuevos enfoques o perspectivas de la vida y del mundo en que circunscribe sus gustos, proyectos y pasiones ya que puede construirse y evolucionar en el tiempo y según las realidades que pueda enfrentar, aprehender o absorber. O por las situaciones que puedan seducirlo y conquistarlo en cuanto a gustos, visiones, voluntades, agrados, relaciones interpersonales, creencias, encantos, aficiones, experiencias.
En fin, cambios en el entorno que inciden en la percepción de la identidad. Es lo que lleva a considerar la identidad un proceso dinámico y en evolución. Por tanto, adaptable, según las incidencias que provean las coyunturas en las que se vea inmersa la persona.
Aun cuando, las circunstancias, tienden a desordenar o desubicar al individuo dado que son diversos y complejos los impactos que suelen provocar problemas como la diáspora o migraciones, las redes sociales y la Inteligencia Artificial IA, aunque entendidas como nuevas tecnologías de la información y la comunicación.
Quizás, es razón que convoca a pensar y blandir opiniones alrededor de lo que arroja no sólo el concepto de Identidad. Sino, además, el particular problema que asoma al revisar los problemas que emergen de las realidades. Especialmente, al analizar la Identidad en contextos de crisis.
