Luces y sombras en el camino de la transición energética
Las autoridades españolas elaboraron el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) para cumplir los objetivos de la transición energética. Pero un plan energético expresa también una visión del modelo social, productivo, de movilidad y de territorio. Como toda planificación viva, ha requerido revisiones que han redefinido los objetivos para 2030.
El objetivo es reducir en 2030 las emisiones de CO₂ un 32 % respecto a 1990. Como aquel año se emitieron 288,8 Mt, deberían limitarse a 196,38 Mt. Si en 2025 se emitieron unas 270 Mt, en cinco años habría que recortar 73,62 Mt, más del 27 % de las emisiones actuales.
Para ello, el PNIEC 2023-2030 apuesta por electrificar el sistema energético con más renovables. Un 48 % de la energía final deberá ser renovable, y la electricidad deberá serlo en un 81 %. Con mayor eficiencia, el consumo final debería bajar a 71,709 Mtep (810,31 TWh), sin contar usos no energéticos, de los que 34,42 Mtep (388,9 TWh) procederían de renovables.
Estos objetivos implican movilizar 308.000 M€ de inversión público-privada: un 37 % para renovables, un 17 % para modernizar redes y un 46 % para ahorro, eficiencia y electrificación. Se prevé rehabilitar más de un millón de viviendas, extender las bombas de calor, alcanzar 5,5 millones de vehículos eléctricos, impulsar el ferrocarril, renovar equipos, fomentar electrolizadores de hidrógeno para calor industrial y estimular los certificados de ahorro energético (CAE).
¿Es suficiente la energía de consumo final prevista?
Desde 2019, salvo la caída por la pandemia, los consumos finales oficiales crecen cerca de un 2 % anual, lo que llevaría a más de 86........
