La verbena de Santa Rosa
La verbena de santa Rosa
Éramos más felices cuando defendíamos nuestras familias en lugar de utilizar los vínculos como un chantaje para romperlas y llevarnos la mejor parte
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Mi tía Lola no era en realidad mi tía, pero como mis padres son hijos únicos les tomaba prestados algunos parientes. Estaba casada con el tío Joaquim y tenían una torre en El Masnou donde veraneaban con sus hijos y mi madre. En 1959, aunque ... puede que fuera en 1960, organizó por santa Rosa una verbena y acudieron varios amigos de la familia con algunos de sus hijos. Entre ellos, una joven muchacha de 20 años que por hacerse la simpática sacó a bailar a mi tío. Según mi madre lo hizo sin ninguna maldad, pero tía Lola estaba muy enamorada y era muy celosa, y se enfadó tanto con la escena que se retiró a su habitación sin despedirse de los invitados.
Al día siguiente el tío se fue a trabajar a Barcelona y la tía se quedó con los niños, que enseguida notaron que no estaba de humor y que todo lo empezó a hacer más temprano. Fueron a la playa, volvieron y comieron antes de lo habitual y cuando su marido llegó del trabajo, un poco antes de las tres, ya estaban durmiendo la siesta. La manera que tuvo mi tía de resolver sus celos –y tiene su interés, porque eran una pareja que llevaba más de 20 años casada– fue llevarlo directamente a la cama. «Yo he tenido que hacer muchas siestas para salvar a mi familia», me dijo pasados los años.
Podía haber sido más cobarde o rendirse. Es muy de nuestro tiempo. Pero lo que hizo es dar más, ser más valiente. Lo hizo a su manera, siendo más ella, sin menguar en la queja. Ella ganó y ganó con argumentos nobles, con amor y no con resentimiento. Quiso aún más a mi tío y mi tío la quiso todavía más de lo mucho que la quería.
Erais más felices cuando los problemas los arreglabais usando vuestra fuerza y no tratando de imitar la nuestra; cuando pensabais que el amor os lo teníais que trabajar y no sólo cobrarlo. Mi tía Lola era demasiado celosa, pero lo era por amor, y era muy lista, y sabía lo que quería y cómo protegerlo. Mi tío Joaquim era muy guapo, no era un santo y además su hermano Gustavo era un jugador del Barça y se había acostado con otra Lola más famosa: Lola Flores. Pero sabía quién le quería, y de qué manera, y aunque alguna vez hablamos de mujeres siempre me dijo que con la suya se sentía el hombre más afortunado de la Tierra.
Éramos más felices cuando defendíamos nuestras familias en lugar de utilizar los vínculos como un chantaje para romperlas y llevarnos la mejor parte. Éramos más felices cuando la debilidad la usábamos como un estímulo y no como una venganza, cuando no nos dábamos tan fácilmente por perdidos y peleábamos por el otro en lugar de utilizarnos como carnaza para destrozarnos. Mi tía Lola hizo muchas siestas para salvar a su familia. Y mi tío Joaquim supo entenderlas.
