Los podridos
Cuando uno escribe es natural que lo haga contra quien manda, en el franquismo o mañana miércoles
Escucha el artículo. 2 min
Escucha el artículo. 2 min
Más artículos de la autora
Al director Christian Petzold le hubiera gustado ser un cineasta español durante el franquismo. Y a mí el duque de Alba. Era un titular de ABC del otro día. «Me encanta el cine de terror de la época, de Jesús Franco o Amando de Ossorio ... . Adoro la libertad que respiran películas como 'La noche del terror ciego', con esos caballeros templarios zombis atacando a vírgenes en clara referencia a las miserias del fascismo». El fantaterror como logro del franquismo. Recuerdo ir a ver 'El buque maldito' (1974). Pasaba los veranos en Valencia y me juntaba con mayores que me arrastraban a ver en reposiciones películas de miedo. En 'El buque maldito' unas modelos eran enviadas a alta mar en una lancha. Desaparecían y un grupo de personas, entre ellas una modelo amiga (es como Vera Miles buscando a Janeth Leight en 'Psicosis'), se presentaban donde se esfumó la lancha y daban con un buque medieval lleno de monjes templarios zombies (gente podrida, como dirían los personajes de Ortega). Era la tercera parte de la tetralogía de Ossorio, que se estrenó con 'La noche del terror ciego' (1971), siguió con 'El ataque de los muertos sin ojos' (1973) y acabó con 'La noche de las gaviotas' (1975). En el cine de Ossorio, menos recordado que el de Franco (Jess), los templarios le servían para matar de un tiro a la Iglesia y al Ejército. Años antes filmó 'Bandera negra' (1956), alegato contra la pena de muerte que no se estrenó. Con los podridos la coló.
La novela de Sara Barquinero sobre la universidad ('La chica más lista que conozco', Lumen) me ha devuelto a 'La fea burguesía' de Miguel Espinosa. Salvo la parte de lo femenino, más allá de la joven que se obsesiona con Juan, profesor diez años mayor (aquí puedo ir también a 'Comerás flores'; qué fijación y sorpresa con los tíos), el retrato de Barquinero del ambiente universitario es tan deprimente como el de Espinosa. Parecida hipocresía, las mismas bajezas y vanagloriosos tontos. «Cierto día, un catedrático, llamado Ferrer, quedose cojo, y los otros se alegraron». 'La fea burguesía' y 'Escuela de mandarines' se leen como críticas a la burguesía del franquismo (eso es evidente) y al poder. Al Benefactor. Pero la crítica del poder es universal. Cuando uno escribe es natural que lo haga contra quien manda, en el franquismo o mañana miércoles. Espinosa escribía contra mucho. Cuenta su hijo Juan que de palabra o por escrito, en su conversación o en sus libros, Miguel Espinosa siempre se mofó de los dictadores. Una vez le elogió el 'Diccionario de sinónimos y antónimos', de Sainz de Robles. «¡Mira! –dijo con aire misterioso, mientras iba abriendo el libro por varios lugares–: la palabra 'Caudillo' solo remite a 'Jefe', pero este vocablo ya te lleva a 'Tirano', término en cuyo grupo aparece Caudillo directamente… ¡Esto no lo sabe Franco!».
Psicosis (A. Hitchcock)
