El incierto futuro de Europa
El incierto futuro de Europa
Por el camino que llevamos, la Unión Europea está abocada a su desaparición o a su irrelevancia
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Pedro García Cuartango
El fútbol es un milagro que permitió a Europa odiarse sin destruirse. La frase es de Paul Auster y expresa de forma paradójica una gran verdad. La Unión Europea nació para evitar que el continente se viera envuelto en nuevas guerras. En menos de un ... siglo, hubo tres contiendas devastadoras: la de 1870, la de 1914 y la de 1939. La reconciliación entre Francia y Alemania sirvió para poner los cimientos de las actuales instituciones europeas.
Giscard contó que Helmut Schmidt, canciller alemán, le invitó una noche a cenar en su casa de Hamburgo. Ambos mantuvieron una conversación que se alargó hasta la madrugada. Tras confesar que era de origen judío, Schmidt argumentó que las políticas económicas comunes (se refirió a la serpiente monetaria de la época) eran irrelevantes en relación a lo esencial: que las naciones de Europa tenían que estrechar vínculos para evitar nuevos derramamientos de sangre.
Medio siglo después, ese riesgo ya no existe, Europa ha avanzado en su integración, el euro es una realidad y hemos sentado las bases de un mercado único. El problema es hoy que todo lo conseguido desde la creación de la CECA puede desmoronarse. Me explicaré.
No sólo se trata sólo de que Europa ha perdido su posición de liderazgo moral, económico y político en el mundo. Es mucho más grave: aparecen inquietantes grietas que indican que el edificio corre el riesgo de derrumbarse. La primera de ellas es el distanciamiento que se observa entre París y Berlín, que han empezado a divergir en su concepción sobre el futuro de Europa. La asimetría que implica que Francia disponga de armas nucleares no es un tema menor.
El ataque de Trump a Irán ha puesto en evidencia la desunión de los 27 y su disparidad de posturas sobre el conflicto en el Oriente Próximo. Ya lo vimos también cuando Putin invadió Ucrania. Las dificultades para consensuar una política común exterior y de defensa parecen insalvables.
Igual sucede respecto a los flujos migratorios, un problema que suscita una profunda división, la política agraria o la respuesta a los desafíos de Trump, que no pierde ocasión de exhibir su desprecio a la Unión Europea. Todo ello se complica con el notable ascenso de los partidos de extrema derecha, especialmente en Francia y en Alemania, partidarios de volver a una Europa de los Estados nación.
Dicho con otras palabras, Europa se enfrenta a enormes retos que debe afrontar para sobrevivir. Y ello exige un nuevo impulso que genere ilusión en el proyecto o, tal vez, su refundación. Por el camino que llevamos, la Unión Europea está abocada a su desaparición o a su irrelevancia. Como pertenezco a una generación que confío en que la integración europea sería nuestra salvación como país, me siento decepcionado y preocupado. Europa se hunde mientras discutimos si son galgos o podencos.
