La arqueología es de pobres
La arqueología es de pobres
El problema es que ya no esperamos nada comparable a Troya; el pasado sigue ahí, bajo la tierra, bajo el agua, paciente, intacto
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Ha aparecido un hueso de elefante en Córdoba. Y hasta la BBC se ha hecho eco del asunto, que ya es mérito: «El hueso que 'podría' ser evidencia del mítico paso de un elefante de guerra de Aníbal por Europa». El condicional elevado a ... acontecimiento. Uno imagina a los redactores de la sección de cultura, pico-pala, buscando (eso sí que es arqueología) y titulando con entusiasmo algo que, hace no tanto, habría ocupado una nota al pie. Y a mí me surge la pregunta incómoda: ¿esto es lo mejor que tenemos?
Hubo un tiempo en que la arqueología abría portadas porque abría mundos. Se descubría una tumba intacta y cambiaban los manuales de Historia, los museos, las cátedras. Y además Agatha Crhistie escribía obras maestras con eso. Se iluminaba una cueva, el arte retrocedía veinte mil años y los pintores modernos creaban las Vanguardias. Se excavaba Troya y el mito adquiría estratos; el poema se volvía carne y cambiaba (para siempre) la conciencia del hombre sobre sí mismo. Aquello no eran hallazgos: eran terremotos culturales.
Hoy celebramos un hueso de pezuña de elefante. Y es que hemos entrado en el llamado «círculo de la muerte»: Como la cultura no importa, no se invierte. Como no se invierte, no hay investigación larga. Como no hay investigación, no hay impacto. Como no hay impacto, no hay titulares. Como no hay titulares, no importa. Y vuelta a empezar.
Cuando una sociedad deja de esperar grandes revelaciones de sí misma, acaba aplaudiendo el espectáculo, no la memoria. El pasado sigue ahí. Somos nosotros los que ya no excavamos. Y así se empobrece una civilización. No por censura ni por barbarie abierta, sino por desidia estructural. Exigimos descubrimientos espectaculares mientras negamos las condiciones que los hacen posibles. Anhelamos un nuevo Tutankamón, pero sin financiación y sin tiempo. Queremos pasado, pero rápido; que me dé titulares, clics, asombro y… olvido.
El hueso no es el problema. El problema es que ya no esperamos nada comparable a Troya. No porque el pasado se haya agotado, sino porque hemos dejado de ir a buscarlo con seriedad. El pasado sigue ahí, bajo la tierra, bajo el agua, paciente, intacto. Esperando para revelarnos los misterios de la vida.
Somos nosotros los que ya no tenemos ni tiempo, ni dinero, ni fe suficiente para desenterrarlo.
