El currículum democrático
El currículum democrático
Las oposiciones se inventaron, como los currículums, para garantizar el acceso igualitario y justo a un puesto de trabajo. Como los grandes baluartes de la meritocracia
Escucha el artículo. 2 min
Escucha el artículo. 2 min
Más artículos de la autora
María José Fuenteálamo
Me cuentan que a José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid –y abogado del Estado–, al hablar, se le nota su pasado de hincar codos porque alguna vez se le ha escapado 'la típica frase de opositor'. ¿Qué es eso?, pregunto. Que igual, hablando de ... otra cosa, te suelta un «palomas, conejos y peces», una retahíla del artículo 613 del Código Civil, me explican. Todos llevamos grabadas en la cabeza nuestras muletillas. En mi caso, más de alguna palabra malsonante de mi adolescencia; los opositores, parece, textos legales que un día cacarearon una y otra vez hasta que se consolidaron en su memoria.
Las oposiciones se inventaron, como los currículums, para garantizar el acceso igualitario y justo a un puesto de trabajo. Como los grandes baluartes de la meritocracia. Nada más democrático y limpio que un CV. Hay empresas en las que se trabaja, incluso, con currículos ciegos, en los que no hay nombre ni foto, para evitar cualquier tipo de sesgo. O de enchufe.
Redactar un CV es un trabajo en sí mismo. Cuentan los que saben de RR.HH. que la diferencia se nota. Por eso, en muchas oficinas de empleo es lo primero que ofrecen a los demandantes: un curso para diseñarlo correctamente. Hoy con LinkedIn, ese CV virtual, parecería que importa menos, pero no. Sigue siendo uno de los documentos laborales que más se mueven por mail en nuestro país. También es un secreto a voces que en este país no todos los empleos privados se publican, así que el boca a boca y la recomendación, por la vía que sea, siguen funcionando. Desde esta semana también es un secreto a voces que esta opacidad a la hora de contratar también existe en lo público.
La expresidenta de Adif, Isabel Pardo de Vera, ha reconocido en sede judicial que ella recibió el CV de Jésica Rodríguez, expareja de Ábalos, por intercesión de Koldo García, asesor del exministro. Después, relata ella, Pardo de Vera llamó a la presidenta de Ineco y tuvo una irrelevante conversación con ella. Claro que ya hubiera querido yo gestiones y contactos de ese nivel cuando empecé a trabajar. O ahora. Según sus propias palabras, de presidenta a presidenta, de jefaza a jefaza pública, lo que ella dijo fue: «Este CV me llega desde el Gabinete del ministro. No sé si os encaja, a tu consideración si hay vacantes o cumple el perfil». ¿Imaginan que hubiera dicho otra cosa? Pero, ¿era necesario que hubiera dicho otra cosa?
Siempre me había preguntado qué esperanza alberga esa gente que, cuando ve a un político se le acerca y le pide que ayude a sus hijos a encontrar trabajo. Ahora lo sé.
Pardo de Vera, que se define como 'institucionalista', también. «Mandar un currículum no significa absolutamente nada», repite, tan pichi. Lo tiene tan interiorizado como si lo hubiera estudiado en una oposición. Sólo que la suya parece una oposición diferente: la de no sacar nunca los dedos del enchufe.
José Luis Ábalos Meco
