El Congreso y el balcón de mi casa
El Congreso y el balcón de mi casa
El antibelicismo sigue siendo bonito pero los lemas también caducan
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María José Fuenteálamo
En la base aérea de Los Llanos, en Albacete, se realiza varias veces al año el TLP: 'Tactical Leadership Programme'. Se trata del programa de liderazgo y coordinación de pilotos de la OTAN. Durante las semanas que dura este campus 'premium' militar, el 'Top ... Gun' del atlantismo, además de los mejores aviadores de guerra, aterrizan en la ciudad los fotógrafos-amantes de la aviación militar. Los primeros vienen a pilotar, los segundos a mirar. Durante los ejercicios, los cazas más punteros del mundo como el Rafale, el Eurofigther y el F-35 surcan los cielos manchegos. Claro que una cosa es el espectáculo –lo que podemos ver– y otra lo que realmente sucede en la base donde se trabaja además la guerra tecnológica. Así, los que estamos fuera podemos ver algunas cosas, pero es solo una parte. Lo mismo sucede cuando hay una guerra. Y así debe ser: nada de comunicación fluida entre el mundo militar y el mundo civil. Supongo que de ahí viene ese mensaje contradictorio de que España sí se ha ofrecido a colaborar con EE.UU. mientras que la Moncloa dice que naranjas de la china. No entramos en la parte electoralista.
Que la comunicación militar-civil no sea transparente no significa que no sea inexistente. El cuatrimestre pasado invité a un antiguo comandante del TLP a dar una charla a mis alumnos de Ciencias de la Información. Estaban ávidos de la misma. Nos faltó tiempo: de gasto militar a operaciones internacionales. El coronel les contestó a todo y no les corrigió más que un detalle: los militares no toman decisiones de operaciones internacionales, ejecutan las que les manda el Congreso. No dijo Moncloa. Dijo el Congreso. Un militar no toma decisiones, ejecuta órdenes políticas.
Sánchez se ha negado a prestar nuestras bases a Trump en la guerra contra Irán. Vuelvo a obviar la parte electoralista y la recuperación de antiguos 'slogans'. El antibelicismo sigue siendo bonito pero los lemas también caducan. Mi preferido siempre ha sido «Imagina que hay una guerra y no vamos nadie». ¿Ir a la guerra? ¡Pero si ahora hay drones!
Las viejas nuevas cruzadas se plantean sin tropas el terreno. Pero el gran armamento sigue necesitando bases militares.
Para derrocar un régimen como el iraní yo prestaría las mías. Esta guerra se define como ilegal. Lo de guerra legal suena un pelín a oxímoron. Frente a Irán sigo ofertando mi balcón para avituallamiento. Hasta les pondría magdalenas, como a los Reyes Magos. Aun así, lo hablaría con mi familia. Si vamos a participar en una guerra, que sea por consenso. Da igual. No tengo balcón. Ni tengo que tomar esa decisión.
Pedro Sánchez, sí. Pero a otra escala. Sin embargo, se comporta como si nuestras bases fueran los balcones de su casa. Ni los de la Moncloa le pertenecen. Pero a ver quién le hace entender que él, en lo militar, ha venido a pilotar –y a recibir instrucciones– y no a mirar. Ni a ser mirado.
