Zapatero y la coartada del chavismo
Zapatero y la coartada del chavismo
Frente al viejo tutor europeo de la componenda, aparece una dirigente como María Corina Machado que encarna la causa democrática que el régimen intentó aplastar en Venezuela
José Luis Rodríguez Zapatero lleva años intentando venderse como mediador en Venezuela, pero su papel real ha sido otro: el de acompañante político, proveedor de legitimidad y amigo útil de una dictadura que destruyó un país. El problema ya no es solo su parcialidad. El problema es que, a estas alturas, su nombre ha quedado unido a una de las operaciones de blanqueo político más persistentes del chavismo. Durante años cultivó la imagen del hombre del diálogo, del pacificador capaz de hablar con todas las partes. En la práctica, sin embargo, su interlocución privilegiada fue siempre con el poder. No con el país reprimido, no con las víctimas del exilio, no con la Venezuela empobrecida, sino con quienes administraban la maquinaria que hizo posible la devastación. Zapatero no fue neutral. Fue cercano, complaciente y, en demasiados momentos, funcional.
La frase con la que recientemente intentó defenderse en España retrata mejor que cualquier adversario su problema de credibilidad: dijo que, en su actividad como consultor, no tenía «el dato de quiénes eran los clientes». Esa afirmación sería extravagante en cualquier profesional serio. En alguien con acceso privilegiado a gobiernos, empresarios, operadores internacionales y tramas de influencia, resulta todavía peor. No revela inocencia, sino una forma particularmente cómoda de no mirar demasiado de cerca de dónde viene el dinero ni a quién sirve realmente el trabajo prestado.
Esa es la primera gran contradicción de Zapatero: se........
