¡No a la guerra!
España está desplegando una acción exterior que crea tensiones innecesarias e improductivas al asumir decisiones marcadamente populistas y antidiplomáticas
Fernando García Sánchez
El nuevo lema del presidente del Gobierno –'no a la guerra– constituye una obviedad, un principio de aceptación casi universal, pero un grito vacío y estéril, sólo humo, si no esta apoyado en una conciencia de la seguridad, una postura de fuerza y una capacidad de influencia diplomática. Podríamos compararlo al lema «no a la enfermedad», que sólo tiene sentido práctico si lo convertimos en un «sí a la salud» y en la puesta en marcha de políticas saludables. Este 'no a la guerra', ejecutado de forma claramente antidiplomática frente a Estados Unidos, está resquebrajando los cimientos de la alianza atlántica, y la OTAN para Europa significa seguridad. Ante esta situación, sin una base de fortaleza e influencia que nos dé capacidad de actuar y credibilidad, este 'no a la guerra' es un síntoma preocupante de inseguridad nacional, al desviar la atención sobre los problemas reales y justificar las carencias nacionales con anhelos y buenos deseos. Conviene seguir la recomendación del militar romano Flavio Vegecio Renato, que en 'De Re Militari' escribió «Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum» (quien desee la paz, que prepare la guerra), que evolucionó posteriormente al más conocido «Si vis pacem para bellum». Si no queremos la guerra, si queremos la paz, tenemos que prepararnos para la guerra, pues sólo una posición de fuerza permite influir mediante la prevención, la disuasión, la acción exterior y la necesaria estabilidad interna.
Lamentablemente, España es hoy menos segura........
