Sánchez, ¿un innovador político?
Sánchez, ¿un innovador político?
Ha sustituido la cultura pactista de la Transición por una política de ocupación institucional al servicio de un proyecto personal de poder
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No toda innovación merece aplauso; hay quien innova creando y quien innova corrompiendo, y a Pedro Sánchez hay que situarlo, sin eufemismos, en el segundo grupo. No es un político vulgar ni un superviviente afortunado de la fragmentación parlamentaria; ojalá lo fuera, porque entonces el ... problema se iría con él. Lo suyo es más grave y más duradero: ha comprendido antes que nadie que la cultura política nacida en la Transición podía vaciarse desde dentro sin necesidad de romperla. Lo que algunos han celebrado todos estos años como audacia es, en realidad, una forma elegante de degradación: conservar intactas las reglas mientras se anula aquello para lo que fueron escritas.
La cultura política de la Transición se construyó sobre una premisa elemental: ningún sector podía apropiarse por completo del Estado. El pacto constitucional no fue candidez, sino realismo histórico. Una apuesta que entendía que, tras una dictadura y una guerra civil convertida en memoria subterránea, la democracia solo podía consolidarse si las grandes familias políticas aceptaban que la victoria de una parte no significaría la expulsión moral de la otra. Había cálculo, renuncia e hipocresía. No fue un jardín de virtudes republicanas, pero funcionó. En su peor versión, la cultura del pacto degeneró en reparto: cuotas, colonización partidista, televisiones públicas sojuzgadas y órganos constitucionales sometidos a cambalaches poco edificantes.
Pero, con sus vicios, aquella cultura mantenía una idea del límite. El pacto servía para integrar. Las instituciones comunes debían preservar un espacio compartido.........
