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Los [ponga un número] de [ponga una causa]

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06.04.2026

Los [ponga un número] de [ponga una causa]

El indulto a 'las Seis de la Suiza', condenadas por coacciones, ofrece una muestra más de la heroificación del violento cuando procede de la izquierda

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Los prejuicios no son más que observación, tiempo y capacidad para elaborar patrones. Cuando uno ve que a unos sindicalistas condenados e indultados por el Gobierno los llamaban 'las Seis de La Suiza', ya imagina que no eran hermanitas de la caridad. Dicen que ... son unos sindicalistas de la CNT condenados por defender a una pobre trabajadora de una pastelería de Gijón. Los llamados 'Seis de la Suiza' eran en realidad cinco mujeres y un hombre –el femenino resultaba más eficaz para acometer contra el heteropatriarcado– que coaccionaron al dueño de una pastelería gijonesa con la que una mujer había mantenido un conflicto laboral y cuya pareja había roto una nevera. Llegaron a organizar quince manifestaciones. Usaron petardos, lanzaron pasquines, señalaron al empresario y acosaron a sus clientes hasta forzar el cierre del negocio. Por esos hechos fueron condenados a penas de cárcel por coacciones, lo que, según el relato oficial, constituía poco menos que una forma legítima de lucha sindical.

Por el nombre ya podía sospecharse que no eran precisamente un ejemplo de civismo. Detrás de fórmulas como 'los Seis de la Suiza', o 'los Ocho de Zaragoza' –que agredieron a asistentes a un mitin de VOX– o cualquier otro grupo identificado mediante el esquema de 'los [ponga un número] de [ponga una causa]' suele esconderse una operación de construcción épica que convierte comportamientos violentos en gestas políticas. La fórmula funciona como una advertencia: anuncia una tentativa de heroificación de la violencia cuando esta procede de la izquierda, que con frecuencia logra revestirse de legitimidad simbólica que la derecha no posee y, si dice que Yolanda Díaz es guapa, es violencia. Si se destroza una tienda durante una huelga general, se denomina piquete informativo; si se intimida o coacciona, se presenta como activismo social.

La izquierda, con la ayuda de determinados medios de comunicación y de una retórica revolucionaria, ha logrado en ocasiones transformar a personajes violentos en luchadores por la paz o en supuestos hombres de Estado. Frente a ellos, la derecha aparece de manera sistemática caracterizada como culpable o incluso criminal, como sucedió con el dueño de la pastelería gijonesa o si se lleva la contraria a una tertuliana de Tele Pedro.

Resulta inquietante la tendencia a santificar determinadas tropelías cuando encajan en el esquema narrativo de David contra Goliat. Vivimos en una plantilla emocional que con frecuencia ha ocultado, dulcificado o blanqueado hechos terribles. Los medios internacionales con oropeles presentaron como héroes a los golpistas catalanes y santificaron a los asesinos ETA. Ahora, cuando aparece una supuesta minoría oprimida en una pastelería o en una selva recóndita, sospecho que estamos ante unos canallas de primera categoría.


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