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La gira de Rosalía: cuando la viralidad adelanta a la música

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18.04.2026

Estamos hablando más de los confesionarios de Rosalía en sus conciertos que de las canciones de Lux. Consecuencia directa de la era del spoiler. 

Aunque no hayamos ido al show de Rosalía sentimos que hemos estado allí. Porque hemos visto el concierto a través de decenas de ‘reels’ de Instagram y TikTok. Y varias veces. Es difícil escapar al destripamiento de todo, pues los vídeos irrumpen en nuestros ojos sin avisar a través de las redes sociales. 

Cada vez hay menos margen para la ingenuidad de lo inesperado en una sociedad en donde siempre hay alguien que ha grabando todo antes con el móvil.  Y, claro, el confesionario ha adquirido el papel protagonista de la gira de Rosalía. El público lo ha hecho la atracción principal, pues no se puede grabar dos veces. Es lo único que nadie sabe qué va a pasar. Es lo único que no se ha filmado ayer. Es lo único que te hace sentir en un instante único. 

Y hay asistentes que se creen paparazzis a la caza de tal exclusiva, claro. Sacan rápido el móvil para que el resto del mundo también asista al hito.  ¿Y tú en qué concierto de Rosalía estuviste? ¿En el de Soy una Pringada, en el Aitana, en el de Yolanda Ramos, en el de Guitarrica, en el de Bad Gyal? La gente recuerda a Rosalía por lo que solo sucedió frente a sus ojos.  O lo intenta.

En vez de poner el foco en lo que canta, lo que dice y cómo se interpreta, da la sensación de que gana el morbo de quién va a salir a confesar qué. Y nos reímos, porque quizá hemos vivido algo parecido. De hecho, quién no ha escuchado alguna vez detrás de la mirilla a esas vecinas desahogándose en el rellano de la escalera. Quién no ha sacado la oreja por el patio de luces de su edificio para colarse en la conversación de tendedero de la ropa. Esta complicidad colgada en las pinzas de la cotidianidad, que ya convirtió en sección propia María Teresa Campos en Día a día. Un gag donde hablar con el pasaporte de la ironía de temas que no se podían rajar en otros espacios de su magacín. Teresa, siempre adelantada a su tiempo. 

La conversación que jamás se repetirá igual es el número que logra que la gira Lux se perpetúe en la conversación social: cada concierto hay un nuevo contenido para cuchichear en redes y un nuevo titular para los medios de comunicación. Una nueva comidilla nacional. Encima este confesionario blanco trata de los delirios del desamor, con lo que unen los corazones rotos... No es nada nuevo, las canciones cantan a los amores imposibles desde que existen las canciones. Pero para qué escuchar una canción completa, si puedes celebrar intensamente un salseo rápido que no volverá a pasar. Así los conciertos de Rosalía nos acaban poniendo frente a un espejo de cómo consumimos en la viralidad: queremos ser protagonistas de un hecho irrepetible todo el rato o nos cansamos. La repetición nos aburre, aunque estemos repitiendo constantemente todos mismas formas de actuar sin darnos demasiada cuenta. Pero, al final, entre tanta sed de impactos, en la memoria de largo recorrido quedará el arte de las canciones. Y las anécdotas virales será solo eso: una anécdota. 


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