La bailarina de ‘Sorpresa, sorpresa’ que siempre llegaba tarde
La televisión española de los noventa se contagió de Italia. Y hubo una obsesión, machista obsesión, de llenar los platos de bailarinas de solo un patrón corporal. Muchas bailarinas. El problema es que los programas querían estereotipos de altas mises de piernas kilométricas más que bailarinas profesionales. Y no encontraban el perfil que gustaba al directivo de turno. Así que se abrieron los castings a otros perfiles. No era tan importante su experiencia en la danza, como su capacidad de llenar el fondo de plano. Con saber hacer cuatro pasitos ya bastaba.
Incluso cuando se adaptó Sorpresa, sorpresa se cayó en colmar el escenario, la grada y las escaleras del teatro de chicas dando tumbos. Y eso que Sorpresa, sorpresa era un calco de Carramba, che sorpresa de........
