32 años del estreno de 'Friends': regresar a un lugar seguro
“Bienvenida al mundo real, es una mierda pero te gustará”. Hoy hace 32 años que Mónica Geller soltaba a bocajarro esta frase a Rachel Green. Lo hacía mientras Rachel Green destruía la tarjeta de crédito de sus papás. Era el comienzo de una serie que nos iba a marcar. Era el comienzo de Friends. Lo que parecía una telecomedia más, rápido, se transformó en un punto de inflexión en la televisión. Nacía una ficción que tenía todos los ingredientes para su éxito, y ni sus creadores los iban a saber reproducir después. Porque siempre hay una variable de mágica casualidad en la combinación de elementos: un casting de seis actores con una personalidad apabullante, unos personajes con perfiles muy universales e imperfecciones perfectamente definidas y unas tramas con las que era fácil conectar e identificarse, al mismo tiempo que te permitían soñar con una vida cargada de aventuras en la ciudad en la que todos sentimos que hemos estado aunque no hayamos viajado nunca, Nueva York.
Desde el minuto uno, ya el primer episodio bordaba su cometido de perfilar el carácter identitario de sus protagonistas con ese humor que amortigua las leches de la vida. Ross Geller, el empollón perdedor con su hombría tocada porque su mujer le dejó por otra mujer. Rachel Green, la pija que abandona a su novio en el altar para irse a vivir con su mejor amiga. Monica Geller, la responsable y enfermiza de la limpieza, la madre, sin saberlo, de la familia elegida. Chandler Bing, el niño raro que parece gay pero no lo es. Phoebe Buffay, la sensatez de la excéntrica que habita en un mundo paralelo y eso le permite ver la realidad desde una distancia especial. Y Joey Tribbiani, el actor frustrado........
