Un líder y su cuadrilla
Es el caso paradigmático de Adolf Hitler. Un muerto de hambre se convirtió en multimillonario, un simple soplón de la policía militar pasó a ser el jefe supremo de un Estado, un residente en un asilo de mendigos vienés devino el déspota de millones de personas, un desclasado despreciado por todos llegó a ser el ídolo de una gran nación. Estaba imbuido de un misterioso y solapado complejo de inferioridad que alimentaba un amor propio salvaje y un odio feroz al mundo, en el que nunca había podido imponer su voluntad. El ascenso personal y la satisfacción de su afán por ver su propio yo desempeñando papeles de protagonista, son los objetivos a los que sacrificó irreflexivamente civilizaciones y naciones.
La única idea que vertebró toda su política se condensó en una sola palabra, “yo”. No persiguió ninguna otra meta, no sirvió al pueblo, no tuvo ningún concepto de lo que es un hombre de Estado, sino que única y exclusivamente satisfizo su ego. Sus motivos se reducían a un terco amor propio. Los........
