Más Vox y menos trenes
Volantazo sorpresa. Cambio de guion. El viejo truco de Moncloa. Fuera trenes, vamos con la inmigración. Manual de resistencia en vena. Pasar página del Alvia y sus 45 muertos y meter ruido por la derecha. 'La hora de la política’, le dicen a este regate los ochocientos asesores del Ala Oeste (para estos sí hay dinero, para la vías del ferrocarril, nones). Vamos, ya falta menos para acabar la legislatura. Un empujoncito.
“La corrupción y el acoso noquean al Gobierno”, titulaba el 14 de diciembre el diario del movimiento. Cuando más asfixiado estaba Pedro Sánchez con las chorizadas del Peugeot (ingreso en prisión de sus dos manos derecha, imputaciones por doquier a familiares y compañeros de carnet) y con los líos de las braguetas en ebullición (cesado el tipo que iba a convertirse en capataz de Ferraz), desempolvaron del cartapacio de los asuntos pendientes con el cuponazo catalán. Cinco mil millones para los independentistas, con Junqueras como mascarón de proa. Se armó el carajal. Mucho ruido y más tensión. “Mejor debatir sobre financiación autonómica que hacerlo de chorizos y babosos”, explicaban los estrategas del number one.
Tapar un problema con otro quizás mayor. Puro estilo Sánchez. Escapar del infierno de Adamuz es más complicado. Todo un país golpeado, dolido y cabreado y una infraestructura fundamental, como es el ferrocarril, que mete miedo. El presidente de la Comisión que investiga el accidente (CIAF), Ignacio Barrón, señaló abiertamente a Adif y, por ende, a Transportes, como sospechosos de la catástrofe. Que no 'culpables'. Fue la soldadura de las vías. Una frase que tumba la catarata de contradicciones, excusas y enormes trolas que ha venido esparciendo Óscar Puente desde el primer día de........
