Geopolítica: Yalta II es inevitable
La reunión del sistema liberal en Davos es uno de los momentos del año en los cuales se definen elementos importantes de la geopolítica. En esta ocasión vimos varios procesos en marcha que evidenciaron que allí se están reacomodando intereses en función de los cambios en política exterior de los Estados Unidos: de las alianzas al excepcionalismo, del globalismo al corolario Donroe. Los que alguna vez propusieron y llevaron adelante un sistema internacional de tratados para regir el mundo bajo los valores culturales anglosajones occidentales ahora se repliegan y reclaman abiertamente territorios de sus propios aliados. El capítulo de Groenlandia con las amenazas de Trump de anexársela por la fuerza lo cambia todo; si bien la atención ha estado en los sucesos de Venezuela. Dinamarca el regente de Groenlandia es un aliado de Estados Unidos desde la segunda guerra mundial y este proceder implica la fractura de la OTAN, lo cual quiere decir que se quiebra una lógica estructural de Occidente.
En otros análisis hemos dicho que lo que está sucediendo con el nuevo orden internacional y sus choques se inscribe en el fin de los acuerdos territoriales de Yalta y la necesidad de las grandes potencias de cuestionar el viejo orden y de pedir de acuerdo a sus pujantes economías un lugar bajo el sol. La lógica del multilateralismo, hasta ahora, ha sido la de China: comercio, transferencia de tecnologías, desarrollo de los socios, préstamos y cesión de créditos. Eso le ha dado a Beijing una ventaja sustancial en política exterior, convirtiéndola en el principal socio comercial de casi todo el planeta y desplazando de ese lugar a Estados Unidos. Y es que China no solo hace eso porque le otorga ventaja, sino porque puede hacerlo. El excedente de productos elaborados que proceden de sus industrias necesita de mercados capaces de absorber ese volumen. Estados Unidos en cambio pareciera estar mostrando músculo con sus últimas acciones, pero detengámonos a pensar seriamente si eso es así.
Si lo que se impone es un Yalta II, entonces la postura más inteligente de Washington debería ser la de sostener las alianzas, preservar los lazos con los países que constituyen un escudo no solo militar, sino diplomático, cultural, estratégico. En lugar de esto, desde Trump, el Occidente Colectivo se está descomponiendo a partir del accionar impredecible del presidente. El realismo como doctrina de política exterior no consiste en el caos, sino en actuar de forma que se pueda........
