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Hablemos de fracking una vez más

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18.02.2026

El fracking vuelve a la conversación nacional. Una vez más. Soy barranqueña, y he vivido de cerca lo que significa para esta ciudad tener una refinería pujante, una economía dinámica y oportunidades reales de empleo. Además, durante años he conversado con expertos, asistido a foros y conferencias, leído estudios y análisis. Así que opino desde la información y la experiencia territorial. Y desde ahí puedo decir que avanzar en los pilotos representa una oportunidad que esta región no debería descartar a la ligera.

Hace unos días el tema volvió a encenderse tras declaraciones del presidente Gustavo Petro y los comentarios en contra casi inmediatos de la Unión Sindical Obrera (USO). Más allá de las posturas políticas, lo cierto es que para Barrancabermeja la discusión no es abstracta: es profundamente económica y social.

El debate no debería reducirse a un “sí” o un “no” ideológico. Debería centrarse en algo más sensato: permitir que la ciencia, la tecnología y la evidencia determinen la viabilidad —o no— de esta técnica en el país, y especialmente en una región cuya historia y economía han estado ligadas al sector energético y que en términos concretos, los beneficios potenciales son evidentes: garantizar carga para la refinería durante varios años significando estabilidad operativa, empleos directos e indirectos, reactivación de contratos con empresas locales, continuidad para la petroquímica y, en consecuencia, dinamización del comercio y los servicios. A esto se suman las regalías que podrían apalancar proyectos en otros sectores económicos, diversificando progresivamente la base productiva.

Resulta también difícil de entender, que se rechacen los pilotos en el territorio mientras se aprueba la importación de gas y crudo ligero provenientes de fracking en Estados Unidos. Si el debate es ambiental, debe ser coherente. Si es técnico, debe sustentarse en evidencia. Y si es político, al menos se debería reconocer las implicaciones económicas reales para regiones como la nuestra.

Que la USO, actor histórico y de enorme influencia en el sector petrolero, esté hoy asumiendo una posición activa frente al tema demuestra que la discusión está lejos de ser superficial. Es una conversación que toca el empleo, la estabilidad industrial y el futuro de miles de familias.

Este es un año estratégico para el sector y para la región. Más del 70 % de los ingresos de la ciudad dependen directa o indirectamente de esta actividad. Por eso, hablar de energía es hablar de empleo, de estabilidad y de futuro. Hablemos de fracking una vez más. Pero hagámoslo con evidencia, con responsabilidad y, sobre todo, con las regiones petroleras en mente.


© Vanguardia