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Cómo Dolly Parton convirtió el artificio en talento artístico

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26.08.2026

Esta mañana, echando un vistazo a los homenajes a Dolly Parton –desde el del Grand Ole Opry al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, pasando por los de influencers queer y otros–, me pregunté: ¿de verdad era ese su nombre real?

Sí. La “Reina del Country”, que falleció esta madrugada a los 80 años, fue bautizada al nacer Dolly Rebecca Parton. Mi sorpresa ante la autenticidad de su nombre dice mucho de la contradicción que encierra la figura de Parton.

Porque… ¡menudo nombre! No era el diminutivo de un nombre serio, ni un nombre artístico, sino un nombre real que nos remite directamente a su imagen de celebridad tal y como era: arreglada, maquillada, un objeto con el que jugaba la industria del entretenimiento. Esto nos hace darnos cuenta de la astucia interpretativa con la que jugaba la propia artista. Su melena rubia se convirtió en una seña de identidad, al igual que su orgullo y su irreverencia irónica hacia su imagen “plástica”.

Objeto de burla y sátira en ocasiones, esa imagen inicial de Dolly Parton –en entrevistas, parodias e incluso su propia marca– solía estar relacionada con su aparente “falsedad”. Su figura en el sentido más literal –pecho, rostro, pelo– era obviamente artificial. Y, a menudo, estos añadidos sintéticos a su cuerpo se trasladaban a la suposición de que ella misma era, si no falsa, al menos algo superficial.

Sin embargo, Parton parecía querer ir más allá. Su primer éxito en las listas de música country fue “Dumb Blonde” (que en español significa “Rubia........

© The Conversation