¿Qué significa hoy ser un ‘buen’ padre? El reto de la nueva paternidad sin modelos
Un padre intenta vestir a su hijo de cuatro años antes de salir de casa. Van con prisa y el niño se niega a ponerse los zapatos. Primero intenta explicárselo, después negociar y, cuando la situación se alarga, termina levantando la voz. “Porque lo digo yo, y punto”. Nada más escucharse, reconoce la frase. La había oído muchas veces cuando era pequeño y llevaba años pensando que nunca la utilizaría con sus propios hijos.
Ser padre y, especialmente, ser un “buen padre” es algo muy distinto hoy de lo que era apenas hace una generación. Los padres de hace tres o cuatro décadas debían asumir principalmente las responsabilidades económicas de la familia y ejercer una autoridad que entonces se consideraba propia de la figura paterna.
Hoy esperamos que un padre cambie pañales, conozca las rutinas del bebé, pida una reducción de jornada si es necesario, sepa calmar un llanto, hable de emociones, acompañe las rabietas sin perder la calma y construya un vínculo seguro con sus hijos. Entendemos que los cuidados y las responsabilidades de la crianza corresponden a ambos progenitores, sin distinción de sexo.
El lento avance en el reparto de tareas
Afortunadamente, cada vez son más los hombres que desean ocupar un lugar activo y corresponsable en la crianza. Sin embargo, ese cambio en las expectativas todavía no se ha traducido en un reparto igualitario de los cuidados. En España, entre las personas con hijos de 0 a 11 años, el 56 % de las mujeres dedica más de cinco horas diarias al cuidado, frente al 29 % de los hombres. Las diferencias aparecen también en el trabajo doméstico cotidiano, que realiza diariamente el 59 % de las mujeres frente al 39 % de los hombres.
Es decir, el modelo de paternidad está cambiando, aunque las prácticas cotidianas lo hagan a un ritmo diferente.
Un nuevo modelo de paternidad
Muchos hombres que ahora se enfrentan a este nuevo modelo de paternidad apenas tuvieron oportunidad de experimentarlo cuando eran niños. En esa época, la presencia emocional, la expresión afectiva o la corresponsabilidad cotidiana en los cuidados recaían todavía, en buena medida, sobre las madres. ¿Cómo aprende........
