Cambio de mando: Sale Boric y entra Kast ¿Sale Kast y entra Boric?
No ha habido en la historia de la democracia en Chile dos políticos que se alternaran para gobernar el país durante 16 años consecutivos. La historia hegemónica de Bachelet y Piñera partió el 2006 y terminó el 2022. Incluso pudo haberse extendido: Bachelet fue el sueño frustrado de la izquierda para suceder a Gabriel Boric. Nunca sabremos -por su trágica muerte- qué planes tenía entre manos Piñera para las presidenciales del 2025.
¿Estamos ad porta de 16 años de capitanía de Boric y Kast?
Obvio: imposible saberlo. Muy temprano. Pero cuatro años es un suspiro.
Los dos proyectos que encabezan –veremos si Boric puede mantener el timón de su sector y si Kast sabe manejar el timón del gobierno– son los más jóvenes de la política criolla del siglo XXI. O sea, tienen cuerda. Sus proyectos despedazaron la lógica binominal que representaron Piñera y Bachelet. Los dos son hijos del trauma de procesos convulsionados: Boric es un colateral del estallido; la presidencia de Kast es parto no deseado del maximalismo infantil –y frívolo– del primer proceso constituyente.
Las dos almas –el FA y Republicanos– navegan con destreza en la tensión y el conflicto. Las dos se van a buscar y se van a encontrar tal como esta semana. Boric dijo que le había informado sobre el cable chino a Kast y Kast le respondió que no le informó, sino le enunció sin detalles un problema del tamaño del mismo cable.
Piñera y Bachelet eran antípodas, pero antípodas de un mundo menos distantes. Tocaron guitarra en Caburgua en 2002 en medio de un asado de cordero en la casa de veraneo del ex mandatario.
Convivieron en el poder con diferencias evidentes y marcadas, pero convivieron. “Se tenían respeto”, me dice una persona cercana a Bachelet.
“Se sentaban a dialogar en una mesa sin dramas ni reproches”, agrega alguien del entorno de Piñera. En su libro Estallido: Piñera en Jaque, las periodistas Gloria Faundez y Paula Catena cuentan que a Piñera no le gustaba que después de amistosas reuniones privadas, según él, la versión pública de Bachelet no fuese del mismo tono.
Kast y Boric, seamos sinceros, no se tragan. Boric dijo en 2025 que Trump representa “a todo lo que me opongo” y que tiene ínfulas de emperador. A Milei lo saludó de mala gana porque lo detesta: Milei y Trump son aliados de Kast.
En tanto, Boric representa para el mundo Kastiano esa izquierda “que se rindió a la violencia del octubrismo”. Es más: que la promovió. Con Bachelet fuera de la carrera presidencial -esta vez parece que definitivamente-, Boric es el principal adversario para la derecha y, en especial, para el mundo de Kast. Es el nuevo Allende.
Dicho en simple: no habrá asado de cordero entre Kast y Boric. Menos guitarreo. Por los siglos de los siglos.
La política es desconfianza. Enfermiza. Casi un reflejo. Kast y Boric no se creen. Esta semana, en un juego tan inédito como chocante, los dos se enfrascaron en “el juego de la verdad”. Hubo relativa contención en el lenguaje público. En privado, tanto desde el gobierno saliente como entrante, repitieron: “ellos están mintiendo”.
“Esto lo inventó Kast para generar un conflicto ficticio. Y lo de la auditoría que nos quieren hacer, es una manera de tapar que los pillaron en la mentira”, me dicen desde Palacio.
07.42 AM del martes. Pregunto por whatsapp a la OPE ¿cómo dos versiones tan contradictorias????????
Respuesta del mundo de Kast: “No hay contradicción. La pregunta es qué significa informar. ¿Es contarte la verdad o es ocultar la información y engañarte? Eso es lo que vamos a definir ahora”.
Una reunión que duraría horas terminó en minutos. Dos presidentes, frente a sus ministros, reprochándose. “Nos vamos”, le dijo Kast a su equipo. Mientras éste salía por la puerta de la calle Moneda. Boric bajó presuroso para denunciar que el nuevo mandatario le había pedido que se retractara de sus dichos en Meganoticias. Kast espero hasta las 11 AM para dar su versión: no creemos en la información que nos dan.
Algo nunca visto en democracia.
Se vienen cuatro años bravos.
Boric y Kast irrumpieron juntos en las ligas mayores. El Frente Amplio fue por el espacio de la centro izquierda; Republicanos, por el de la centro derecha. Ambos fueron exitosos desde los extremos. Hicieron estallar la era de la hegemonía de los partidos -y de los líderes- protagonistas de la transición. Con tácticas parecidas y una estrategia agresiva. Llevados de sus ideas. Fuertes en el choque.
Todo muy ad hoc para la era que vivimos. No es un país -y mundo- para blandengues. Cuánto dure el ciclo, vaya a saber uno: este país es de humores cambiantes en modo 180 grados.
Un futuro duradero para Boric y Kast tiene que ver con cómo envejece el gobierno del primero y cómo será la gestión del segundo. También cómo habitan los liderazgos de sus sectores: para la izquierda, Bachelet siempre fue una figura celestial más que una líder terrenal. Para la derecha, Piñera fue lo contrario.
A Boric, sus partidarios en algún momento lo trataron de erigir como una figura moral. El alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic –potencial rival: guerra de croatas– abogó por un frenteamplismo graduado en gestión más que en simbolismo: Boric después de La Moneda parece entender lo mismo. Como han repetido frenteamplistas –la frase es del español y ex Podemos Iñigo Errejón– la revolución -más que grandilocuencia- es que pase el camión de la basura todos los días.
Le pregunto a alguien que conoce bien a Boric si él será, en estos cuatro años que vienen, el líder de la izquierda con vista a La Moneda.
“Depende mucho del temperamento. Evidentemente él es quien debiera tener el liderazgo a largo plazo. El tema es que después de verlo en la conferencia de prensa del martes, no sabemos si una vez que termine el gobierno, Gabriel mantendrá el tono presidencial que ha tenido –o sea, templado– o volverá a ser el diputado Boric”.
Esta semana, en una entrevista a TVN, Boric adelantó que creará una fundación y que necesita descansar. Los presidentes salientes tienden a la introspección durante los primeros año del gobierno entrante. No sabemos si será el caso.
“¿Dónde y con quién se alineará Boric? Eso es clave”, dijo Patricio Fernández esta semana en Tele13radio.
“Si la oposición se articula desde una vereda obstruccionista, no le veo mucho espacio a Gabriel para posicionarse durante este gobierno. También influirá cómo se lleven las diversas izquierdas. O sea, son cosas que no necesariamente dependen de él. Creo que ya debería haber alguien construyendo la estrategia para Gabriel, pero me temo que eso no va a pasar”, dice un cercano a Boric.
Kast se asemeja a Piñera por el liderazgo de acción. Malazos para las palabras; pero manos a la obra: gestión, gestión, gestión. Si no hay acción en su gobierno, si no hay velocidad e intensidad, corre el riesgo de perder futuro.
Kast deberá mantener alineada a las derechas y surfear con talento dos potenciales problemas –si se llevan mal– o dos cómplices pasivos –si pactan–: Kaiser y Parisi.
El modo de su gobierno también influirá: el episodio de este martes –el fin del diálogo con estridencia incluida– fue mirado con distancia por un sector de Chile Vamos. “Está bien tirar el mantel después de la confusa información, pero, dicho esto, lo cortés no quita lo valiente”, me dijo Rodrigo Galilea, presidente de RN, quien es –o era a estas alturas– de retomar el diálogo entre los ministros que salen y los que entran.
Por ahora, me dice un republicano, no nos interesa que haya parlamentario de otros partidos que se sumen al nuestro. “¿Para qué sumar un conflictos? Así como estamos, está perfecto”.
La derecha a secas suma adeptos entre los republicanos, los “duros” de RN y la UDI, libertarios -aunque no sean gobierno- y algunos diputados del PDG. En ese espacio, Kast puede moverse a gusto.
El riesgo es que la mayoría maree y la contención sobre ciertos temas, que dividen a la derecha centristas con las derechas a secas, dejen de estar en la lista de “mejor no hablar ciertas cosas”. Una izquierda polarizada también puede activar los “espíritus salvajes” de la derecha dura. El resultado de esto, es incierto: per se no se puede ver cómo problema. Pero tampoco como virtuoso.
Kast parte como el presidente más votado de la historia de Chile y su liderazgo, él mismo lo ha dicho, se jugará si logra romper el péndulo político de 24 años de alternancia para perpetuar la banda para su sector.
Boric termina con, hoy por hoy, un nada despreciable 35%. Tiene apenas 40 años y mucho horizonte por delante, si es que la ciudadanía piensa en él a la hora de los quiubos electorales. En los próximos cuatro años tendrá que erigirse como líder de las izquierdas y definir si post gobierno es Boric o vuelve a ser Gabriel.
