Venezuela y la polÃtica de las antinomias, por Rafael Uzcátegui
Venezuela y la polÃtica de las antinomias, por Rafael Uzcátegui
¿Es contradictorio sostener dos ideas antagónicas al mismo tiempo? Usualmente sÃ. Sin embargo, debido a la singular situación planteada en Venezuela luego del 3E, tal vez solo podamos comprender lo que sucede entre nosotros precisamente a partir de las antinomias.
En filosofÃa, una antinomia es una situación en la que dos afirmaciones opuestas parecen ser verdaderas al mismo tiempo, porque cada una se sostiene sobre argumentos razonables. El concepto fue desarrollado por Immanuel Kant para mostrar que la razón humana puede llegar a conclusiones incompatibles cuando intenta explicar realidades complejas.
Algo similar ocurre hoy en Venezuela. El diagnóstico sobre el momento polÃtico depende del sentido que se le atribuya a los acontecimientos iniciados el 3 de enero.
Para algunos analistas, el hecho de fuerza del 3E y la tutela ejercida por Estados Unidos sobre el gobierno encabezado por los hermanos RodrÃguez habrÃan abierto un proceso de transición polÃtica que, aunque pueda ser largo y accidentado, serÃa difÃcilmente reversible.
Desde esta perspectiva, el paÃs se encuentra en una etapa inicial de recomposición institucional, cuyos resultados dependerán de la presión interna, la negociación internacional y la evolución de la correlación de fuerzas.
Otros, desde una mirada más escéptica, sostienen que en realidad poco ha cambiado. Más allá de la ausencia de Nicolás Maduro y Cilia Flores, el sistema polÃtico seguirÃa funcionando bajo las mismas lógicas de poder.
El chavismo conservarÃa el control del aparato estatal y utilizarÃa el nuevo contexto internacional para reposicionarse, ganar tiempo y recuperar estabilidad económica sin alterar los fundamentos de su vocación hegemónica. Desde esta lectura, lo ocurrido el 3E serÃa menos el inicio de una transición que una reconfiguración del mismo sistema polÃtico.
Estas dos interpretaciones opuestas constituyen, en términos kantianos, una verdadera antinomia polÃtica: dos diagnósticos incompatibles que, sin embargo, encuentran respaldo en los hechos.
Estas dos interpretaciones opuestas constituyen, en términos kantianos, una verdadera antinomia polÃtica: dos diagnósticos incompatibles que, sin embargo, encuentran respaldo en los hechos.
Existe, no obstante, una tercera posibilidad —en la que personalmente nos inscribimos—: que lo que esté ocurriendo sea la coexistencia de ambas dinámicas. En esta lectura, existirÃa un acuerdo provisional, aún en construcción, de trabajo y colaboración entre Estados Unidos y el liderazgo polÃtico que hoy controla el aparato estatal venezolano.
Esta relación estarÃa marcada por una tensión permanente entre dos pulsiones contrapuestas: por un lado, la lógica de autopreservación del chavismo; por el otro, la estrategia estadounidense que, según lo anunciado por Marco Rubio, contempla varias fases orientadas, eventualmente, hacia una transición polÃtica.
Si esta fricción caracteriza el momento actual, entonces es plausible afirmar que hoy somos testigos simultáneamente de una pulsión de continuidad y una pulsión de cambio. La polÃtica venezolana estarÃa atrapada en una dialéctica incierta, en la que ambos movimientos coexisten y compiten por definir el sentido de la Venezuela post 3E.
Un ejemplo de esta antinomia puede observarse en el proceso anunciado para la designación de nuevas autoridades, tanto en el Ministerio Público como en la DefensorÃa del Pueblo. Para algunos sectores de la sociedad venezolana, esta convocatoria abre una oportunidad para iniciar un proceso gradual de reinstitucionalización.
Bajo esa premisa, distintas organizaciones y actores han postulado a personas con trayectoria profesional y autonomÃa de criterio, con la esperanza de que el proceso permita introducir cambios en la arquitectura institucional del paÃs.
Pero esos mismos acontecimientos pueden ser interpretados de manera muy distinta. Otros sectores consideran que el chavismo no es ni una vÃctima ni un rehén del nuevo contexto polÃtico, sino un actor que intenta adaptarse estratégicamente para preservar el poder.
Pero esos mismos acontecimientos pueden ser interpretados de manera muy distinta. Otros sectores consideran que el chavismo no es ni una vÃctima ni un rehén del nuevo contexto polÃtico, sino un actor que intenta adaptarse estratégicamente para preservar el poder.
Desde esta perspectiva, los movimientos institucionales que hoy generan expectativas formarÃan parte de un esfuerzo por estabilizar el sistema, recomponer equilibrios internos —incluida la reducción de la influencia de figuras como Diosdado Cabello— y consolidar una relación funcional con Estados Unidos centrada en la recuperación económica.
Ambas lecturas tienen argumentos plausibles porque el significado del «nuevo momento polÃtico» todavÃa se encuentra en disputa. En cierto sentido, la sociedad venezolana está intentando interpretar un proceso cuyo desenlace estarÃa por definirse, y del cual hay tantas posibilidades de ser más de lo mismo como en decantar en algo nuevo.
Incluso, quienes sostienen diagnósticos diferentes coinciden en algo: la ventana de oportunidad para producir cambios podrÃa ser limitada. Las elecciones de medio término en Estados Unidos, previstas para noviembre de este año, podrÃan alterar las prioridades de polÃtica exterior de la Casa Blanca.
A medida que nos alejemos del 3 de enero, además, el efecto disuasorio producido por el bombardeo y la detención de Maduro podrÃa diluirse progresivamente. Por ello la colisión entre ambas posibilidades durarÃa hasta finales de año, tras lo cual el escenario pudiera finalmente decantarse más claramente por alguna.
Tener fe y ser escéptico al mismo tiempo
Si el momento polÃtico venezolano está marcado por esta antinomia —continuidad y cambio coexistiendo al mismo tiempo—, tal vez la respuesta más realista sea asumir esa tensión en lugar de intentar resolverla prematuramente.
Desde esa perspectiva, podrÃa resultar razonable que el campo democrático opere en dos direcciones simultáneas. Por un lado, participando en los espacios institucionales que puedan abrirse —como la postulación de candidatos a Fiscal o Defensor del Pueblo— y exigiendo procesos transparentes que empujen los lÃmites de la voluntad de apertura.
Por otro lado, denunciando de manera constante las restricciones estructurales que podrÃan impedir que esos procesos produzcan cambios reales. El objetivo de esta doble narrativa no serÃa contradictorio. En ambos casos se tratarÃa de presionar para abrir el camino hacia una transición democrática.
Algunos podrÃan objetar que esta coexistencia de estrategias terminarÃa por anularse mutuamente. Sin embargo, en el campo de la negociación polÃtica existe un principio conocido como «presión diferenciada».
La coexistencia de actores más confrontacionales y actores más moderados altera el cálculo del adversario y amplÃa el rango de decisiones posibles. Lo que en circunstancias normales parecerÃa una concesión significativa puede percibirse como moderado cuando existe simultáneamente un discurso más duro que define el marco de referencia. Coloquialmente, esto se conoce como la estrategia del «policÃa bueno» y el «policÃa malo».
En contextos autoritarios, esta diversificación de enfoques puede resultar particularmente útil. Diferentes voces, tonos y estrategias permiten abordar al poder desde ángulos múltiples, ampliando el campo de presión polÃtica.
En contextos autoritarios, esta diversificación de enfoques puede resultar particularmente útil. Diferentes voces, tonos y estrategias permiten abordar al poder desde ángulos múltiples, ampliando el campo de presión polÃtica.
De hecho, si se observa el debate público venezolano, puede advertirse que estos roles ya están siendo asumidos por diferentes actores. Lo que serÃa incoherente es que una misma voz sostuviera simultáneamente diagnósticos opuestos. Pero la coexistencia de ambas narrativas dentro del ecosistema democrático refleja, en buena medida, la naturaleza contradictoria del momento polÃtico que atraviesa el paÃs.
*Lea también: El «chavismo» y su fracaso histórico, por Ãngel Lombardi Lombardi
Las condiciones de eficacia
El problema es que este doble movimiento requiere ciertas condiciones para funcionar. La primera es algún grado de coordinación, algo que hoy resulta difÃcil debido al debilitamiento de los vÃnculos de confianza dentro del campo democrático.
La segunda es el reconocimiento mutuo entre actores que, aunque puedan tener diagnósticos y teorÃas de cambio distintas, comparten el objetivo de una transición democrática. Este reconocimiento se vuelve complejo en un contexto donde la cooptación estatal de algunas vocerÃas presentadas como opositoras ha erosionado la credibilidad del debate público.
La tercera condición es la existencia de banderas rojas comunes: principios y valores que, independientemente de las estrategias adoptadas, no deberÃan ser negociables.
Las antinomias del 2026 no son una anomalÃa del momento venezolano. Son, en buena medida, su condición estructural. La tarea del campo democrático no consiste necesariamente en resolverlas de inmediato, sino en aprender a actuar dentro de ellas. Porque en contextos autoritarios las transiciones rara vez nacen de una certeza. Con frecuencia emergen, más bien, de la tensión prolongada entre continuidad y cambio.
La imagen de portada fue creada con IA
Rafael Uzcátegui es sociólogo y codirector de Laboratorio de Paz. Actualmente vinculado a Gobierno y Análisis PolÃtico (Gapac) dentro de la lÃnea de investigación «Activismo versus cooperación autoritaria en espacios cÃvicos restringidos»
 TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artÃculo
Compartir en Facebook
