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El eco del aullido: los therian y el desafío de la identidad, por Rafael A. Sanabria M.

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26.02.2026

El eco del aullido: los therian y el desafío de la identidad, por Rafael A. Sanabria M.

Correo: [email protected]

La educación siempre ha sido el espejo de las transformaciones sociales. Sin embargo, hoy el espejo no nos devuelve una imagen humana convencional, sino una silueta difusa que reclama una identidad animal.

El fenómeno therian —individuos que se identifican espiritual o psicológicamente con una especie no humana— ha pasado de los rincones nicho de internet a los pasillos de las instituciones educativas, dejando a docentes y directivos en un territorio desconocido. 

No se trata de un simple juego de disfraces o de una moda pasajera de «cosplay»; para el joven therian, la conexión con su animalidad es una vivencia intrínseca que desafía la estructura misma de la escuela tradicional.

El impacto en el ámbito educativo no es meramente estético, limitado al uso de máscaras o colas. Es, en esencia, un desafío a la convivencia y a la percepción de la normalidad.

Mientras el sistema educativo se enfoca en competencias para un mercado laboral humano y estandarizado, el estudiante therian navega en una búsqueda de autenticidad que el currículo ignora por completo.

Mientras el sistema educativo se enfoca en competencias para un mercado laboral humano y estandarizado, el estudiante therian navega en una búsqueda de autenticidad que el currículo ignora por completo.

Este choque de realidades genera una fricción inevitable: por un lado, la necesidad del joven de expresar lo que siente como su «verdadero yo» y, por el otro, la rigidez de una institución que no sabe si intervenir, permitir o sancionar.

La otredad siempre ha sido blanco de agresión, y los therian, al expresar comportamientos animales como vocalizaciones o movimientos específicos, se vuelven blancos vulnerables de bullying. Aquí la escuela se debate en un dilema ético: ¿cómo proteger la expresión individual sin permitir que el orden colectivo se fragmente?

A menudo, la respuesta institucional oscila entre el rechazo tajante y una tolerancia desconcertada. Pero la reflexión profunda nos obliga a mirar más allá de las normas de vestimenta.

Estamos ante una generación que ha crecido en entornos digitales donde la identidad es fluida y personalizable. Para muchos, esta identidad es una forma de resistencia a la alienación moderna, una huida de una realidad humana que perciben como hostil o vacía.

Este fenómeno no es el fin de la educación, sino quizás el inicio de una nueva pregunta sobre la naturaleza humana en el siglo XXI. ¿Es la escuela un espacio para la normalización o un laboratorio para la diversidad radical?

*Lea también: Parió la abuela, ahora tenemos a los Therians, por Tulio Ramírez

¿Hasta qué punto debe el aula adaptarse a las subjetividades individuales sin sacrificar los objetivos de aprendizaje común? Si la sociedad ha comenzado a aceptar la fluidez en múltiples dimensiones del ser, ¿estamos preparados para discutir la fluidez de especie como una construcción psicológica válida en el entorno escolar?

Al final, el aullido en el patio del recreo no es solo un ruido; es un síntoma que nos obliga a cuestionar qué es lo que nosotros, como sociedad y como educadores, hemos dejado de ofrecer a los jóvenes en su búsqueda de pertenencia.

¿Dónde termina el derecho a la libre personalidad y dónde comienza la necesidad de un código que garantice la funcionalidad del grupo? Quizás, al intentar entender al therian, terminemos descubriendo las fisuras de nuestra propia definición de lo humano.

¿Dónde termina el derecho a la libre personalidad y dónde comienza la necesidad de un código que garantice la funcionalidad del grupo? Quizás, al intentar entender al therian, terminemos descubriendo las fisuras de nuestra propia definición de lo humano.

Rafael Antonio Sanabria Martínez es profesor. Cronista de El Consejo (Aragua).

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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